Casi nada positivo había rescatado el brasileño Wilson Fittipaldi (hermano mayor del gran Emerson) de su paso por Brabham en la temporada 1973. Tal vez por ello, al tomarse un año sabático en la temporada siguiente, elucubró en su cabeza la idea de poner en la máxima categoría al primer coche sudamericano de la historia. Y ocupó todo el ’74 buscando interesados en querer llevar adelante un proyecto cien por ciento brasileño, llegando a convencer hasta al mismísimo presidente de la Nación y a auspiciantes de cuantiosa valía. El proyecto Copersucar estaba en marcha. Con el aval de Emerson, que en ese ’74 se consagraría bicampeón mundial sobre un McLaren, Wilson hizo su “reentré” en la máxima categoría en 1975 a los mandos del modelo FD01 del flamante Copersucar-Ford plateado, diseñado por el ingeniero Ricardo Divila. La presentación fue nada menos que en el Gran Premio de la República Argentina, fecha inaugural de la temporada, a la que muchos hinchas del país del “orden y progreso” se acercaron a presenciar “in situ” en Buenos Aires. Por un lado, para volver a ver a su ídolo Emerson luciendo el número 1 y, por el otro, para alentar el desarrollo de un auto elaborado en San Pablo, algo insólito hasta entonces, a los mandos de Wilson.
La carrera en el autódromo porteño se disputó el 12 de enero y otro brasileño, Carlos Pace, partió en soledad desde la primera fila con su Brabham, ya que el Shadow de Jean-Pierre Jarier (dominador de la clasificación) rompió la caja camino a la grilla. Desde el 23er y último lugar, Wilson salió a hacer una carrera tranquila para ver hasta donde podía llegar su flamante máquina. Aprovechando algunos abandonos y dejando atrás al Surtees de John Watson, marchaba en el 17° lugar cuando desde todas las tribunas se comenzó a ver una alta columna de humo negro que tenía su base en la salida de la Curva del Ombú. ¿Qué había ocurrido allí? Con un principio de incendio, el Copersucar terminaba en ese lugar su sueño de un auspicioso debut. Transcurría la vuelta 23 y mientras en la punta Carlos Reutemann sostenía los ataques del Hesketh de James Hunt, bomberos y auxiliares corrían hacia el sector en el que el fuego parecía dominar de a poco la escena. Wilson consiguió evacuar sin problemas el habitáculo, pero lo hizo bajo una crisis nerviosa por el complicado momento. Dentro del tumulto que se había formado por la cercanía de periodistas y de cámaras que querían testimoniar el suceso, el piloto empujó de muy mala forma a un periodista entrerriano (Martín Bustamante) que colaboraba con un bombero que estaba descargando su matafuegos en las entrañas del coche número 30.
Hacia el final del Gran Premio, en el que en definitiva Emerson se impuso por más de 5 segundos sobre Hunt y unos 17 sobre “Lole”, Wilson -ya rodeado de sus colaboradores más próximos- consiguió bajar las pulsaciones y recapacitar sobre su proceder. Fue entonces cuando pidió que vayan a buscar al hombre que había sido víctima de su arrebato nervioso para disculparse con él. Cuando el cronista llegó hasta el box tras la carrera, Wilson no sólo le pidió perdón, sino que en compensación al mal comportamiento que había tenido con él, le regaló una camisa del equipo y lo invitó con todos los gastos pagos al GP de Brasil, que se correría 14 días después, en Interlagos. Y cumplió su promesa, lo que de algún modo, también tuvo premio: aquel 26 de enero, en el trazado paulista, con un auto completamente nuevo, el FD02, el mayor de los Fittipaldi logró ver la bandera a cuadros en el puesto 13° bajo la atenta mirada, entre otros, de Bustamante, quien tras aquel agitado domingo porteño, vivió en San Pablo una relajada jornada como un espectador más…





