Si indagamos profundamente cada caso de un piloto que debutó y se retiró de la Fórmula 1 en la misma competencia, encontraremos, como lo dejamos asentado en las dos entregas anteriores de esta saga, situaciones irrepetibles. Irrisorias algunas, pero tristes muchas otras. Por ejemplo, las de aquellos competidores que apenas tuvieron tiempo de disfrutar o de relatar esa novel experiencia. Tal es el caso de Joseph “Joe” Fry, tal vez el hombre que más temprano abandonó este mundo siendo piloto de la élite mundial. Fry fue uno de los participantes de la primera competencia de la historia de la Fórmula 1, en Silverstone 1950, y tras concluir 10° aquel célebre 13 de mayo, perdió la vida dos meses después en una carrera de ruta. Similar desenlace tuvieron los destinos de otros jóvenes volantes: Herbert Mac Kay-Fraser, un brasileño nacionalizado estadounidense, sólo disputó el Gran Premio de Francia ’57 y al domingo siguiente se mató en el mismo circuito (Reims) durante una exigencia de Fórmula 2. También la tragedia se cruzó muy rápido en la campaña del venezolano de origen italiano Ettore Chimeri, un asiduo visitante a la Argentina. Justamente su única prueba en la máxima categoría la realizó en Buenos Aires sobre una Maserati privada, en 1960 (donde abandonó por agotamiento físico), antes de accidentarse mortalmente en una carrera de autos sport disputada en La Habana: habían pasado tan sólo 20 días de su debut en la Fórmula 1.
Muchos otros competidores de un solo Gran Premio se vieron sorprendidos por un final abrupto. Porque aunque no eran habitués de la divisional reina, quizá soñaban con, en algún momento, reencauzar sus campañas mientras despuntaban el vicio de la velocidad en otros ámbitos. En los años ’60, cuando los autos de la Fórmula 2 se mezclaban en las grillas con los de la Fórmula 1, Jo Schlesser participaba con los más pequeños. Y verdaderamente desacertada fue la decisión de este francés de subirse a un Honda RA302 de la “máxima” en Francia ’68 para debutar finalmente en el círculo privilegiado. Es que no eran infundados los rumores que hablaban de un auto casi imposible de maniobrar y realmente muy inseguro. Schlesser, ante lo que quizá sería su única oportunidad de pilotar un Fórmula 1 en una fecha por los puntos, desoyó esos comentarios. En la segunda vuelta se despistó, su máquina (foto) se incendió y el competidor de 40 años murió carbonizado.
William “Archie” Scott-Brown fue un joven resiliente. Oriundo de Escocia, tenía un solo brazo útil, ya que había nacido con serias malformaciones en el otro, pero jamás cejó en su intento de ser piloto profesional. Su eterna lucha por conseguir autorizaciones y licencias para corporizar sus sueños fue descomunal. A veces lo lograba, otras no. Y sólo una vez le permitieron participar de un Gran Premio puntuable de la Fórmula 1 (Gran Bretaña) y aunque desertó por la pérdida de un neumático, fue el hombre más feliz del mundo. Pero no hubo más condescendencia con su situación y sólo pudo abocarse a carreras de sport, hallando la muerte en una de ellas, dos años después en Bélgica. Erwin Bauer, quien sólo disputó el Gran Premio de Alemania ’53, tampoco regresó a la Fórmula 1 y tuvo un absurdo accidente en Nurburgring, en 1958, durante los tradicionales Mil Kilómetros de prototipos: no vio la bandera a cuadros y siguió a fondo creyendo que estaba en la última vuelta, golpeándose con su Ferrari y perdiendo la vida en al acto. Como se ve, la fatalidad no distingue sentimientos, ni nobles luchas, ni malentendidos. Simplemente suele cruzarse de tanto en tanto en la historia y así, los corredores que apenas tuvieron la posibilidad de disputar una sola carrera en la Fórmula 1 también han estado -más tarde o más temprano- en su indeseable nómina de víctimas.





