En el Gran Premio de Sakhir de 2020, en plena pandemia por el Covid-19, el británico George Russell fue llamado de urgencia por Mercedes para reemplazar en esa carrera a su compatriota Lewis Hamilton, afectado éste por el virus que tenía en jaque al planeta por esos días. Así fue como aquel aprovechó su oportunidad de mostrarse en un equipo poderosos y sólo por ese fin de semana, abandonó su butaca en Williams en favor de un casi desconocido para el gran público: el británico Jack Aitken. ¿Por qué nos ocupamos de él en esta nota? Pues porque tras culminar 16° en esa competencia, Aitken debió devolverle su lugar a Russell y nunca más pudo regresar a la máxima categoría. Así quedó, hasta nuestros días, como el último piloto que participó sólo en un Gran Premio. El último de los 156 (nada menos) que registra la Fórmula 1 en sus 77 temporadas.
Esa larga nómina encierra infinidad de historias. Entre las más recientes, guarda una que en su momento analizamos, la de Markus Winkelhock, quien durante 6 giros lideró bajó la lluvia la única prueba que largó (Nurburgring 2007), pero también la de un excepcional competidor como lo fue otro alemán, André Lotterer, quien pese a haber ganado tres veces las 24 horas de Le Mans y dos veces el Mundial de Resistencia, sintió que tocó el cielo con las manos cuando disputó el solitario GP de Bélgica de 2014 con un modestísimo Caterham. Viajando hacia atrás en el tiempo aparece la imagen del austriaco Roland Ratzenberger, que con la felicidad de haber podido debutar en el GP del Pacífico de 1994 llevó sus sueños de continuidad a Imola, donde encontraría la muerte el sábado previo a la disputa de lo que hubiera sido su segunda carrera, aquel trágico fin de semana recordado por llevarse también la vida del inolvidable Ayrton Senna. Tampoco obviaremos en esta reseña al francés Pierre-Henri Raphanel, que más allá de clasificarse para largar en Mónaco 1989 -carrera que abandonó al romper la caja- participó toda esa temporada con un Coloni-Ford que le dio innumerables dolores de cabeza: Raphanel tiene el récord de no haber podido pasar la preclasificación nada menos que 17 veces, si bien se dio el gusto de largar en el Principado, quizá la más emblemática y difícil prueba del calendario…
En Italia 1988 corrió por única vez el galo Jean-Louis Schlesser y pasó a la historia como el gran responsable de que los McLaren no ganaran las 16 competencias de esa temporada. Es que entre Senna y Alain Prost se llevaron 15 victorias, con la única excepción del GP desarrollado en Monza. Ese 11 de septiembre, en una torpe maniobra sobre su Williams, Schlesser tuvo un encontronazo con Senna cuando el brasileño se iba camino al éxito y lo dejó cruzado en la pista, mascullando bronca y viendo como la Ferrari de Gerhard Berger le “robaba” un triunfo que ya tenía en el bolsillo. El japonés Masahiro Hasemi sólo largó el GP de su nación en 1976, aquella prueba del Monte Fuji recordada por el desenlace del campeonato entre James Hunt y Niki Lauda, montado a un endeble Kojima. Lo cómico es que el precario sistema de cronometraje de la época le otorgó a Hasemi el récord de vuelta en un giro en el que su máquina había perdido tres posiciones. Insólitamente, mucho tiempo después se corrigió ese descomunal error y se revisaron las planillas, otorgándole ese RV a quien realmente le correspondía: el Ligier de Jacques Laffite.
Estas insólitas “perlas” son apenas algunas que encierran los competidores que vivieron la feliz y a la vez amarga experiencia de debutar y despedirse de la F1 en el mismo día. Hay muchas más que en breve seguiremos recordando.





