MENTALIDAD DE CAMPEÓN

Kimi Antonelli ya lo dijo: quiere consagrarse a lo grande, no sumando puntitos y haciendo cuentas. Lo que mueve a este chico de 20 años con psicología de veterano de las carreras.

La crónica del Grand Prix de los Estados Unidos escrita por la colega italiana Giulia Toninelli para la Gazzetta dello sport comienza así: “El sábado por la noche, en una mesa de un restaurante de Austin, Kimi Antonelli hizo un hueco para abrir su laptop: ‘Veamos cómo largó Max aquí en los últimos años’. Así, comenzó a estudiar, con el objetivo de estar preparado para cualquier escenario, al tiempo que mantenía la mente despejada… Analizó una y otra vez las largadas de Max Verstappen, tratando de descifrar cómo desafiarlo en la primera curva y cómo evitar verse sorprendido por la agresividad del cuatro veces campeón del mundo”

Ese es Antonelli: un chico que nació prácticamente en un box, su padre Marco es dueño de un equipo de carreras en Bologna y su madre Verónica gestiona las finanzas, y que vive para la competición. “Esto no es de ahora, es el fruto de un trabajo de nueve años”, señala Toto Wolff, quien lo sostuvo en su nómina desde los 11 años, lo subió a un F-1 dos años atrás y ahora recoge los dividendos.

Ese es Antonelli: el piloto que estudia a sus rivales mientras viene la grande de muzzarella, y que al día siguiente, con terabytes de datos en su cabeza protagoniza una largada impecable, perfecta. Dobló la primera curva y nunca más lo vieron.

Así quiere ser campeón Antonelli. No especulando con los dos puntitos que necesita para asegurarse matemáticamente el título. Porque entiende que hay dos maneras muy distintas de ganarlo y elige la que distingue a los grandes campeones.

Efectivamente, se puede terminar primero en el campeonato o se puede ser campeón. Parece lo mismo, pero no lo es. Terminar primero habla de una tarea eficiente, a 300 km/h pero burocrática, en el que la suma no siempre va asociada a la contundencia. La clave allí es que no necesariamente el que recoge más puntos es visto como el mejor.

Ser campeón, en cambio, es lo opuesto: es ganar lo suficiente como para que no queden dudas de quién ha conducido más brillantemente, de manera que, al cabo, por añadidura, el título venga casi que de manera natural. Como una consecuencia. Esa es la filosofía que abraza Antonelli, que distingue a sus legendarios antecesores. ¿Hace falta nombrarlos?

La evidencia es fulminante: la mitad de los Grands Prix disputados en 2026 fueron conquistados por el italiano; si se consagra este domingo, lo habrá hecho con cuatro carreras de anticipación. Ya tiene tantas victorias en su haber como Charles Leclerc y Oscar Piastri, una más que George Russell; solo los campeones mundiales, Hamilton, Verstappen, Alonso, Norris, lograron más triunfos que él.

Piero Ferrari, el hijo del mítico Enzo, dice que el talento de Antonelli le hace acordar a Niki Lauda. Wolff indica que la “crianza” de Antonelli le costó “diez o más millones de euros”. Parece dinero bien invertido. “El año pasado, tras nueve carreras consecutivas en las que Kimi no logró sumar ningún punto, muchos, incluso personas de otros equipos, decían que ni siquiera debería estar en la Fórmula 1, y mucho menos en Mercedes”, agregó el austríaco.

“No fue una etapa fácil para él: en Spa, tras otra carrera complicada, llegó a derramar lágrimas: unas lágrimas que reflejaban a la perfección lo duro que fue aquel periodo. Ahora, sin embargo, verlo conducir como lo hace convierte todo en algo increíblemente gratificante. Ser testigos de lo que es capaz de lograr y de cómo trabaja con el equipo, esa es nuestra verdadera victoria”, señala.

La fiesta está preparada en Mercedes. Kimi pidió que no le comunicaran nada, que solo quiere pensar en la carrera. “Bien por lo alto”, dice que quiere terminarla. Ganando, no especulando. Esa es mentalidad de verdadero campeón.

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