Surtees y Hunt hoy no serían campeones

A veces, la diferencia entre lograr o no lograr un título mundial está más allá de la calidad o la pericia del piloto, y también fuera del alcance del poderío de su máquina. ¿Cuál es ese factor que puede trastocarlo todo? Nada menos que el puntaje otorgado en los Grandes Premios, por lo que además de todo lo mencionado, hay que saber aprovechar cómo se distribuyen los premios numéricos en cada momento.

Entre las modificaciones reglamentarias que año tras año nos propone la Fórmula 1, muchas suelen cambiar el curso de las cosas. Entre ellas, las referidas a las estadísticas. Los pilotos actuales logran sumar más carreras y más puntos que los de antaño en el cómputo general histórico gracias a que se ha ampliado la cantidad de Grandes Premios y es mucho más generoso el reparto de puntos. Ahora bien, ocupándonos de este último ítem, seguramente más de uno se sorprendería al saber que cuando a partir de 2010 se cambió el sistema de premiación, un estudio retrospectivo determinó que de haberse empleado siempre la entrega de 25 unidades al vencedor (y no 10 ó 9 como era habitual en otra época), las situaciones hubieran sido diferentes en algunos certámenes.

En lo que nos compete a los argentinos, Carlos Reutemann hubiese ganado el título de 1981 sobre su Williams y cortado entonces una sequía de coronas para nuestro país desde que Juan Manuel Fangio se adjudicara la de 1957. En estos hipotéticos casos que nos plantea la matemática, su virtual vencido, Nelson Piquet, tampoco tendría el título de 1983, ya que lo hubiese relegado Alain Prost. Así, de tres diademas, el carioca sólo se quedaría con una, la de 1987. Y justamente Prost fue el más perjudicado de esta historia, ya que sus cuatro laureles ganados permanecerían en su sitio, pero además se podría haber acreditado el mencionado del ’83; el de 1984, que perdió apenas por un punto con Niki Lauda, y el de 1988, cuando debido al viejo puntaje fue derrotado por Ayrton Senna. Sí, aunque parezca increíble, con la puntuación actual, hoy el “Profesor” gozaría de siete campeonatos en lugar de los cuatro con los que se lo recuerda.

Pero lo más llamativo de este juego numérico es que con el reparto actual, la galería de monarcas no contaría con dos apellidos que hoy ostenta. Es que los ingleses John Surtees (foto) y James Hunt carecerían de ese sitio glorioso, porque hubiesen sido batidos en el cómputo anual por Graham Hill en 1964, y por Niki Lauda en 1976, respectivamente. En otras palabras, ambos británicos fueron quienes aprovecharon mejor que nadie las cifras que se barajaban en aquellos años. Entre otras curiosidades, Graham también le ganaba de tal modo el cetro a Jim Clark en 1965, y su hijo Damon a Michael Schumacher en 1994. Es decir, algunos reyes tendrían un logro más y otros, una conquista menos, pero, además de Reutemann, ¿se hubiera agregado al listado de campeones alguno que tampoco lo fue? Sí, uno más. En este caso, su compañero de “penurias” fue el muchas veces olvidado Eddie Irvine, quien al menos le hubiera arrebatado la conquista a Mika Hakkinen en 1999 y otorgado más gloria a Ferrari. Cronológicamente, aquel del ’99 fue el último torneo en el que aparece un rey distinto al rehacer las cuentas. Pero lo que realmente vale, en definitiva, es lo que sucedió en el momento, ya que las hipótesis son sólo eso. Y todo lo acontecido -para bien de unos y para mal de otros- ya está archivado en la caudalosa historia de una categoría inigualable.