EL GRAN PREMIO DE ESPAÑA VUELVE A SER MADRILEÑO

El estreno del circuito de Madring pone fin a la espera de 45 años de la capital española para recuperar el Gran Premio de Fórmula 1. Es el sexto escenario que la categoría transita en territorio español.

Cuatro décadas y media tuvieron que transcurrir para que el Gran Premio de España retorne a la ciudad capital. Una situación que no resulta casualidad, sino la consecuencia de la tendencia Liberty Media de acercar la Fórmula 1 a las grandes ciudades. 

España tiene dos importantes ciudades, Madrid y Barcelona. Dos grandes ciudades y que como tales compiten en distintos campos. No es una excepción el deporte. Un ejemplo evidente es la gran rivalidad existente entre Real Madrid y Barcelona, en el fútbol.

Sin ser tan agresiva, esa rivalidad también se ha visto a la hora de recibir a la Fórmula 1. Cada una la quería y esa actitud individualista, salvo un breve periodo de compartimiento, se ha reflejado en el historial de los 56 Grandes Premios disputados hasta ahora.

España ingresó al mundial de Fórmula 1 en 1951, la segunda temporada del certamen y, su primer escenario estuvo en Barcelona. Concretamente en el circuito de Pedralbes, un trazado urbano con una estructura antigua que databa de 1946, con largas rectas y una pista que en algunos tramos conservaba el empedrado original. 

La mención de Pedralbes, extraña para las nuevas generaciones, trae un grato recuerdo para los argentinos. Es que allí, un 28 de octubre de 1951, Juan Manuel Fangio, con su triunfo con el Alfa Romeo sobre la Ferrari de Alberto Ascari, logró el primero de sus cinco títulos mundiales. Tres años más tarde, el Chueco llegó a Pedralbes con su segunda corona asegurada a la carrera (terminó tercero), que ganó Mike Hawthorn  y significó la despedida del circuito de Pedralbes, descartado del calendario por su precarias seguridad.

Se abrió un largo paréntesis que sirvió para que, dejando por un tiempo rivalidades aparte, los organizadores españoles comprendan los beneficios de alternarse en la realización del Gran Premio. Así se estrenó en 1968 el Autódromo de Jarama, a 30 km de Madrid, y un año más tarde surgió el trazado parque de Montjuich, ubicado en las cercanías de la ciudad catalana. Dos escenarios con disímiles características. El Jarama era de estilo tradicional y trabado. Por el contrario, Montjuich alternaba sectores rápidos con lentos, bajadas y subidas, rodeado de cercanos guardarrailes y con la seguridad en su punto límite.

Paradójicamente, estas características marcaron sus respectivas despedidas del calendario.En 1975, el vuelo del Embassy Hill de Rolf Stommelen por encima de las vallas de contención, que dejó cinco muertos y heridas al piloto alemán, eyectó as Montjuich luego de de las ediciones de 1969, 1971, 1973 y 1975. Jarama tomó exclusivamente la posta hasta 1981, cuando aquella recordada carrera en la que Gilles Villeneuve fue la locomotora de un trencito de cinco autos, convenció que había que buscar otros escenarios para ofrecer espectáculos más atractivos.

Así, y tras un pausa de cinco años, en 1986  entró en escena, Jerez de la Frontera, el circuito, ubicado a  25 Km de Cádiz, que interrumpió el predominio de Madrid y Barcelona y llevó el Gran Premio español a la región de Andalucía. De un historial que duró hasta 1990, se destacan de ese año la dramática imagen de Martin Donnelly tirado en medio de la pista tras ser despedido de su Lotus. Sobrevivió a las graves heridas, pero allí terminó su campaña deportiva.

Eran tiempos de crecimiento para la Fórmula 1. Por eso Barcelona no se quedó con los brazos cruzados en su intención de recuperar el Gran Premio. Trabajó mucho y así, a 20 km de la ciudad, en 1991 surgió Montmeló, un autódromo de primer nivel adaptado a las crecientes normas de seguridad de la Fórmula 1 y ubicado en una región geográfica que le permitía tener actividad durante gran parte del año. Esto lo hizo útil para las pruebas de pretemporada. Su repetido uso le fue quitando secretos y así sus carreras se tornaron muy lineales.

Pese a todo, hasta hace poco parecía tener asegurada la organización del Gran Premio de España, hasta que resurgió Madrid para revivir la rivalidad, con su particular y costosa propuesta del Madring, un circuito que combina sectores callejeros con los de un autódromo, con la imponente curva peraltada La Monumental como extrema exigencia.

Como toda cosa nueva, el proyecto genera incertidumbre. Barcelona está a la expectativa y por ahora se conforma con haber tenido que relegar su denominación a Gran Premio de Cataluña y alternar cada dos años su lugar con el Gran Premio de Bélgica. Por ahora, sólo por ahora.

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