Pasados los ecos de las renovaciones de Franco Colapinto, Carlos Sainz y Max Verstappen y con la mirada fija en el legendario circuito italiano, la Fórmula 1, los organizadores y Ferrari se disponen a homenajear al piloto que devolvió a la escudería a lo más alto del automovilismo mundial, Michael Schumacher. Ferrari decorará su SF-26 con los mismos colores que él monoplaza de 2006, él F310 diseñado por John Barnard, el director técnico de la marca de Maranello en aquella época. También los pilotos lucirán buzos como los que uso Michael en aquella temporada. Él, y su compañero de equipo Eddie Irvine. Nos sumamos, modestamente, a este homenaje, recordando los mejores momentos del binomio Schumacher/Ferrari en Monza.
Han pasado dos décadas desde aquella tarde de septiembre en la que el Autodromo Nazionale Monza se tiñó de un rojo electrizante. Aquella primera victoria de Michael Schumacher con Ferrari en suelo italiano no solo rompió una sequía de ocho años para Maranello en su propia casa, sino que cimentó una alianza legendaria que reescribió los libros de la Formula 1.
El bautismo de fuego, septiembre de 1996. Con un Ferrari F310 rebelde y distante en rendimiento del dominante Williams, Schumacher realizó una exhibición de maestría táctica y pilotaje sin errores. Resistió el acoso de Damon Hill y desató la locura colectiva en las gradas. Aquella victoria fue la prueba definitiva para los tifosi: el piloto alemán no era un mero fichaje estrella, era el mesías que devolvería la gloria al Cavallino Rampante.
El camino hacia la hegemonía (1998 – 2000). En 1998, tras una batalla implacable frente a Mika Häkkinen y David Coulthard, Schumacher volvió a lo más alto del podio en Monza, rubricando un doblete histórico junto a Eddie Irvine. Sin embargo, el momento más desgarrador y emotivo llegó en el año 2000. Al ganar la carrera e igualar las 41 victorias del mítico Ayrton Senna, el germano se derrumbó en la rueda de prensa posterior, rompiendo en llanto y mostrando la humanidad detrás del implacable competidor. Rueda de prensa que ya es historia de la Fórmula 1. Ese triunfo, además, catapultó el primer título mundial de pilotos para Ferrari en 21 años.
La consagración de una era (2003 – 2006). La edición de 2003 presenció la carrera más rápida de la historia del deporte a esa fecha. En un duelo milimétrico contra el Williams de Juan Pablo Montoya, el «Kaiser» cruzó la meta a una velocidad media récord, anotando su 50.ª victoria vestido de rojo. El cierre del ciclo tuvo lugar en 2006. Tras lograr su quinta y última victoria en Monza superando a Kimi Räikkönen, Schumacher subió al podio rodeado por una marea humana que cubría la recta principal. Minutos más tarde, ante los micrófonos, anunció su primer retiro de la competición. Fue la despedida perfecta en el escenario idóneo.
Un legado imborrable. Las cinco victorias de Michael Schumacher en Monza con la escudería italiana (1996, 1998, 2000, 2003 y 2006) transformaron el circuito en el altar sagrado de la marea roja. Dos décadas después del inicio de esa gesta, la huella del alemán sigue grabada en el asfalto del Templo de la Velocidad y no desaparecerá nunca. Monza promete fuertes emociones este fin de semana.





