Vaya a saber uno la causa. Quizá, las 500 Millas de Indianápolis eran tan relevantes a nivel planetario que a la hora de crear el Campeonato Mundial de Conductores, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) entendió que no podían quedar ajenas al mismo. No importó que la mayoría de los participantes de la mítica competencia americana no guardaran en absoluto algún parentesco con los del certamen recién instaurado, ni que sus máquinas fueran otras y encuadradas en un reglamento distinto, ni siquiera que hasta la filosofía de trabajo y espectáculo fueran bien diferentes.
Probablemente, agregando aquella carrera a las estadísticas, se le podría dar sin culpas el rótulo de “mundial” a un torneo que desarrollaría, al menos en un principio, todas las pruebas dentro del continente europeo. Así fue que la tradicional competencia de Indiana se agregó entre 1950 y 1960, inclusive, al magno Campeonato del automovilismo que nos ocupa. La “alianza”, a decir verdad, fue fructífera para ambas partes: a los norteamericanos les sirvió para que algún desprevenido hincha del Viejo Mundo le ofreciera mayor atención de la habitual a las “500”, y para la FIA -como quedó dicho- el agregado le vino muy bien para jerarquizar su calendario anual.
Con este panorama, las estadísticas de muchos pilotos que sólo compitieron en Indy se entremezclaron con los habituales habitantes de las grillas de la Fórmula 1. En ese enredo, el estudioso de las presencias se encontrará con el nombre de Melvin “Tony” Bettenhausen, cuya prolongada vigencia en el mundo del vértigo lo convirtió en el único competidor que tomó parte de esas once ediciones de las “500”. Efectivamente, este hombre nacido en Illinois participó en la lluviosa prueba de 1950, cuando terminó 5° sobre su Kurtis-Kraft y posteriormente pasó a conducir un Deidt-Offenhauser, marca con la que concluyó 9° en 1951 y abandonó por problemas eléctricos al año siguiente. En el ’53, a bordo de un Kuzma, vio la bandera nuevamente en el 9° puesto.
Para las cuatro temporadas venideras regresó a Kurtis y fue 15° en 1954, 2° detrás de Bob Sweikert en 1955 (su mejor resultado), Bettenhausen abandonó a causa de un accidente en el ’56 y concluyó 15° al otro año. Las ediciones del ’58 y ’59 lo vieron subido a un Epperly, con el cual obtuvo sendos cuartos puestos, y una biela rota fue la causa de su deserción en el Watson-Roadster con el que compitió en 1960. Increíblemente, en 1961, cuando ya la gran carrera americana no formaba parte del calendario de la Fórmula 1, Bettenhausen (que ya contaba con 44 años pero juró no retirarse hasta ganar las “500”) sufrió un accidente en los ensayos para la misma y perdió la vida. Lo que esa tristísima tragedia no pudo borrar fueron sus números en la historia de la F1: con sus once presencias, está en la tabla de participaciones por delante de muchos habitués de la “máxima”, inclusive de ganadores como Luigi Fagioli o Ludovico Scarfiotti, aunque su popular estampa jamás salió de los Estados Unidos.





