Inimaginable hasta hace poco, los aficionados italianos se enfrentarán a un particular dilema este fin de semana en sus expectativas de cara al Gran Premio de Italia. Tienen circunstancias ideales para imaginar a un piloto compatriota sobre un auto de punta, en lo posible Ferrari con buenas chances para así completar el combo nacional perfecto y hacer más grande la posibilidad del festejo.
Pues bien, este año, y después de mucho esperar, los tifosi disponen de esas circunstancias, pero, por separado. Porque, por un lado, está Kimi Antonelli, el joven que ha sorprendido con un dominio que le permitió tomar amplias ventajas en el campeonato. Muy bueno, pero Kimi corre para Mercedes Benz, un equipo alemán.
Del otro lado encontramos a Ferrari, la legendaria marca, destinataria eterna de esa pasión que los tifosi muestran en las carreras y especialmente en Monza. Un equipo Ferrari que, como Antonelli, también está inmerso en la lucha por el título. Pero claro, sus pilotos son Lewis Hamilton y Charles Leclerc, un inglés y un monegasco.
Hay que esperar el fin de semana para ver qué cánticos y bocinazos atruenan en el ambiente de Monza con más fuerza, o qué banderas y estandartes se agitan más en sus tribunas ante los pasos de los autos. Según estimaciones, se espera una leve inclinación de los italianos por el triunfo de una Ferrari por encima de un éxito de Antonelli. Una posición donde seguramente influye el mayor peso en la historia de Ferrari y la mayor imagen nacionalista de los autos rojos. Como alternativa intermedia queda la victoria de Ferrari y una buena posición de Antonelli para que no se complique su actual liderazgo en el campeonato.
Se verá. Por ahora, en el repaso de la historia, los hechos y números son contundentes en la comparación de las alegrías que los tifosi tuvieron en su Gran Premio gracias a la Ferrari y las que disfrutaron con un piloto compatriota. Esas cifras marcan un terminante 20 a 4, a favor de Ferrari. Vale aclarar que el cómputo incluye la valorización a dos puntas en los casos (1951 y 1952 con Alberto Ascari y 1966 con Ludovico Scarfiotti) en los que se dio el resultado ideal de un italiano vencedor sobre una Ferrari en Monza.
Paradójicamente este teórico “partido” comenzó con los pilotos italiano en ventaja por el “gol” marcado en 1950 por Giuseppe Farina, el día de su consagración como primer campeón mundial sobre un auto italiano, pero que no era Ferrari sino Alfa Romeo, la marca dominante por entonces.
El sueño de la victoria de un italiano en Monza y sobre una Ferrari tardó un año en llegar y lo concretó Alberto Ascari, quien repitió al año siguiente. Eran tiempos de abundancia de pilotos italianos. No duraron mucho entre tragedias que se cobraron varias vidas (Ascari, Collins, Castelloti) y el resurgimiento de Juan Manuel Fangio y otros pilotos. Por eso, tras el doblete de Ascari, el marcador se estancó del lado de los pilotos hasta el sorprendente éxito de Ludovico Scarfiotti en 1966. Por entonces, gracias a los festejos del estadounidense Phil Hill en 1960 y 1961 y el inglés John Surtees, en 1964, Ferrari había tomado el control de marcador por 5-4.
Este ajustado marcador se incrementó desde aquella última alegría y no en favor de los pilotos italianos sino de Ferrari. Sin un piloto peninsular en el primer nivel por varios años, Ferrari apeló a extranjeros y así, el suizo Clay Regazzoni (1970 y 1975), el sudafricano Jody Scheckter (1979), el austríaco Gerhard Berger, el alemán Michael Schumacher (1996-1998-2000-2002-2006), el brasileño Rubens Barrichello (2002-2004), el español Fernando Alonso (2011) y el monegasco Charles Leclerc (2019- 2024) disfrutaron de los halagos y reconocimientos de los tifosi como ganadores en Italia con una Ferrari.
Como nadie en los últimos años, Kimi Antonelli tiene la chance de quebrar seis décadas sin un triunfo de un italiano en Monza. Obviamente no lo hará con el combo ideal de festejar con una Ferrari. Para esto, tal vez haya que esperar un par de años.





