La pesadilla de los auxiliares

Muchos pilotos pasan por la Fórmula 1 sin pena ni gloria (o peor aún, con más pena que gloria…), pero de ahí a generar un par de incidentes que involucren al “safety car”, parece haber un trecho importante. Sin embargo, un simpático nipón se las “ingenió” para complicarles la vida más de una vez a estos pobres trabajadores de los circuitos.

Cuando Takachiho “Taki” Inoue se subió a un Fórmula 1, nadie sabía cómo había conseguido la superlicencia habilitante. No porque se dudara especialmente de su calidad conductiva, ya que había disputado el Campeonato Británico de Fórmula Ford y era un habitué de la Fórmula 3 japonesa, sino porque a la hora de manejar máquinas de mayor potencia (la Fórmula 3000), no había podido conseguir importantes resultados. Transcurría 1994 y el débil equipo Simtek le ofreció una butaca sólo para un Gran Premio, el de su país, en Suzuka, donde debutó con una clasificación en la que se posicionó último, siendo tres segundos y medio más lento que su compañero David Brabham. El domingo, en la tercera vuelta, chocó sobre el piso mojado y ahí culminó su aventura en la escuadra dirigida por Nick Wirth.

Dueño de una buena suma dinero disponible para subirse a otro auto, Inoue negoció con Jackie Oliver -ávido de dinero fresco para sostener a su escuadra en el circo- y así el japonés obtuvo una plaza en Footwork para toda la temporada ’95. Fue entonces cuando llegaron las postales más insólitas jamás imaginadas. Las primeras cuatro carreras no pudo terminarlas, imbuido en un cóctel de errores propios y fallas del modelo FA16 que conducía. Mónaco se presentaba como una buena oportunidad para revertir las cosas, pero siguió la racha negativa al romper la caja. Eso no fue lo peor: cuando la grúa estaba removiendo el coche, apareció de improvisto y a una velocidad poco prudente el “safety car”, que le pegó sin compasión al Footwork, rompiéndole la caja y el motor, y dejando semiinconsciente a “Taki”, que afortunadamente no se había quitado el casco. Algo completamente ridículo y casi tragicómico que no podría pasar por segunda vez… a menos que se trate de Takachiho Inoue.

Los abandonos se siguieron sucediendo en las carreras posteriores. En Hungría, la culpa fue del motor, por lo que el piloto detuvo su máquina a un costado y corrió a buscar un extintor para frustrar un principio de incendio. Volvió tan rápido con el matafuegos en la mano que no advirtió que justo llegaba el coche de seguridad para prestarle ayuda. Y otra vez hubo un impacto, esta vez directamente sobre la indefensa humanidad de Inoue, que fue atropellado sin compasión, voló por arriba del capot del auto de los auxiliares y quedó con la pierna izquierda fracturada. Además de que lo sacaron arrastrándolo, pues no podía pisar, posteriormente fue multado por su temeraria acción. El año terminó a los tropezones y con un 8° puesto en Italia como resultado más destacado, antes de que el representante del Sol Naciente desapareciera definitivamente del ambiente magno.

Al cabo de los años, “Taki” (hoy de 62 abriles) se lo tomó con filosofía y una fabulosa cuota de humor, al punto de llegar a declarar: “Sé que he sido el peor piloto de la historia de la Fórmula 1, pero también pude comprobar que si bien los coches de la categoría son peligrosos, a veces resulta que mucho más peligrosos son los autos de seguridad”. Y le regaló una vez más al mundo su contagiosa sonrisa, la que afortunadamente, pudo sobrevivir a su paso por la máxima categoría.

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