Durante su participación en el podcast Beyond The Grid, Oliver Bearman repasó los detalles de su experiencia a bordo del Lotus 97T que perteneció a Ayrton Senna. El británico de 21 años condujo en Silverstone el mismo monoplaza con el que el tricampeón brasileño logró su primera victoria en la Fórmula 1, en el Gran Premio de Portugal de 1985. Para el actual piloto de Haas, conducir el histórico monoplaza del Rey del Principado se transformó de inmediato en un hito inolvidable, potenciado por la presencia de su padre, su novia y el mecánico original que atendió el coche en aquella época.
«Creo que fue una mezcla de cosas. Lo más importante fue que se trataba del mismo chasis con el que Ayrton ganó su primera carrera. Nunca llegué a ver a Senna en directo, claro está, pero es alguien a quien todo el mundo consideraba el mejor sin lugar a dudas. Aquel día de 1994 fue tan trágico… Para mí, conducir su primer coche de la historia con su mecánico a cargo del vehículo, fue un momento muy emotivo. Compartirlo con mi padre y mi novia, que me acompañaron en estos grandes pasos, además de conocer la historia de Ayrton, su increíble carrera y su trágico final, fue un momento muy intenso para mí», recordó Bearman.
El reportaje completo de Bearman con el Lotus de 1985 de Senna. Es bonito ver a alguien tan joven emocionarse tanto por un pedazo de historia que le queda tan lejos. Ollie se había ganado mi respeto por su desempeño, pero ahora se ha ganado mi corazón. #F1pic.twitter.com/Wpz9fgEthm https://t.co/JPHj4touL4
— Pablo Mena 🏁 (@PMena_GP) July 7, 2026
Pese a haber nacido una década después del trágico fallecimiento de Senna, el joven piloto británico sintió una conexión profunda al ponerse al volante del histórico Lotus 97T. «Sabía que me emocionaría mucho porque, con este tipo de cosas, a veces realmente no puedo controlar mis emociones. En cuanto mi representante me dijo lo que iba a hacer, un mes antes, supe que iba a ser un día realmente intenso. Conducir el coche fue, sin duda, uno de los mejores días de mi vida. Esas emociones me impactaron muchísimo después», continuó.
El piloto de Haas recibió órdenes estrictas de completar solo tres vueltas para preservar el motor, pero se las arregló para dar un giro más: «Me dijeron: ‘Cuando veas el coche cámara, porque había uno en la pista, a la salida de Maggotts y Becketts, ponte detrás y síguelo hasta boxes”. Pero recuerdo que pensé: “Todavía no puedo parar. Acabo de empezar’. Así que recuerdo que di una vuelta más».
«Pasé de largo junto al coche de la cámara a toda velocidad. Nadie en el muro de boxes me estaba mirando, porque esperaban que entrara en boxes. Pasé volando para dar una vuelta más, esa fue una auténtica vuelta de gloria. La disfruté muchísimo. Recuerdo que, al entrar, salía un poco de humo de los frenos porque había apretado a fondo en la última vuelta. Fue superdivertido», concluyó Bearman.





