El abandono de un Gran Premio por accidente o por despiste es el momento menos deseado por cualquier piloto, ya que representa el instante en el que uno entiende que no ha valido de nada el esfuerzo y el entusiasmo colocados durante todo el fin de semana en los ensayos y en la clasificación. De inmediato, en tal circunstancia, el profesionalismo de un conductor de Fórmula 1 lo obliga a pensar en la próxima escala del Mundial. Pero claro, no por ello está exento de que esto vuelva a ocurrir. Y no dos, sino hasta tres veces, como el británico Jackie Oliver lo supo experimentar hacia fines de la década del ’60 y, a la usanza de esos malos espíritus que regresan, también, en los ’70. Sí, así como se lee: el bueno de Oliver fue el primer competidor en abandonar durante tres carreras consecutivas… hecho que en su campaña en la máxima categoría le sucedió por partida doble. Parece una maldición, pero así se dieron las cosas. Veamos.
Hacia 1969, Oliver, un londinense de 26 años que había arrancado en la Fórmula 1 sobre un Lotus en la temporada anterior, se pasó a un BRM de la escuadra ORO (Owen Racing Organisation) con el que esperaba refrendar su buen cierre del ejercicio ’68, que había terminado con un podio en México. Pero el modelo P133 del equipo inglés le tenía preparada una (mala) sorpresa: después de concluir 7° en Sudáfrica, nuestro piloto desertó en las tres pruebas siguientes con una rara particularidad: cada uno de esos abandonos fue el primero del GP. En España (donde largaron 14 máquinas y sólo llegaron 6) rompió un conducto de aceite en el primer giro. La prueba siguiente, en Mónaco, tuvo una grilla algo más poblada (16 coches), pero para Oliver el resultado fue el mismo que en Montjuic, ya que desertó por un incidente apenas largada la competencia. No fue todo: en Países Bajos, los 15 autos que partieron estaban indemnes hasta el 10° giro, que fue cuando el inglés rompió la caja y una vez más fue el más tempranero al quedarse al margen. Si bien los dolores de cabeza continuaron -y los abandonos también- ya no fue más el primero en terminar “de a pie”.
El derrotero de Oliver continuó de forma intermitente en la F1, ya que no solía presentarse a varias carreras, inmiscuido en participar en otras categorías. Pero insólitamente, como si el destino se hubiese ensañado con él, cuando decidió hacer toda la temporada ’73 sobre un Shadow DN1-Ford, se repitió la vieja seguidilla de ser el primer “desertor” en tres GGPP consecutivos. El primero fue en Francia, por la 8ª fecha de aquel año, cuando sobre 25 participantes, fue el único que se paró a los pocos metros de la salida con el embrague roto. En Gran Bretaña, quedó inerte por un enganche previo al múltiple accidente que involucró a una decena de autos, y como si eso fuera poco para su nula fortuna, otra vez Países Bajos lo despidió temprano por un choque mientras transcurría la segunda vuelta. Ese mismo año se retiró de la categoría (sólo volvió en Suecia ’77 para un eventual reemplazo de Riccardo Patrese en Shadow) sin demasiada gloria y con 33 abandonos en 48 Grandes Premios. De los cuales, como se habrá notado, varios fueron “primerizos”, marcando entonces hasta hoy un récord no igualado. Y como si no bastara, por partida doble.





