Un triunfo con un doblete y encima con la conquista de un título mundial. ¿Qué más puede pedir un país para sus pilotos y la alegría de sus aficionados en una carrera por el Campeonato Mundial de Fórmula 1?
Todo esto lo vivieron y disfrutaron los argentinos un 28 de octubre de hace 75 años en el Gran Premio de España, con la victoria y primera coronación de Juan Manuel Fangio, sobre un Alfa Romeo, y el segundo puesto de un ascendente José Froilán González, con Ferrari.
Qué tiempos aquellos. Eran otros tiempos, en todos los sentidos, aquellos primeros años del Campeonato Mundial de Fórmula 1, donde los argentinos pisaban fuerte en un duelo que los enfrentaba especialmente con los italianos, que entre las marcas eran las dominadoras con Alfa Romeo y Ferrari.
Por todo esto no extraño que la definición en tierra española, en la octava y última fecha, se limitase a pilotos de esas nacionalidades. Fangio llegó como líder con 27 puntos, escoltado por el italiano Alberto Ascari con 25 y González con 21. Con un sistema de puntaje que repartía 8, 6, 4,3 ,2 puntos con 1 para el récord de vueltas, las chances de Froilán estaban supeditadas no sólo al triunfo, sino a la conquista del récord de vuelta y pobres cosechas de sus rivales.
Al privilegio de recibir la definición del título, España sumó hace tres cuartos de siglo su estreno en Mundial. Como escenario se eligió el circuito catalán de Pedralbes, un viejo y veloz trazado de la PreGuerra, que tomaba buena parte de la Avenida Generalísimo Franco, la carretera de Esplugues y la Avenida de la Victoria, más un sector del paseo de Manuel Girona y la calle Numancia, en su recorrido que apenas contabilizaban con media docena de curvas repartidas en sus 6.316 metros.
Con Ascari en la pole, seguido de los argentinos, el trámite de la carrera resultó más estratégico que emocionante. Para esta carrera Pirelli puso a disposición de sus usuarios la opción de unos neumáticos para llantas de 18 pulgadas. Alfa Romeo la adoptó, mientras que Ferrari se jugó por seguir con las habituales llantas de 16 pulgadas. También se especuló sobre el consumo de combustible.
Ascari salió raudamente en punta en busca de tomar rápidas ventajas. Sólo duró adelante hasta la cuarta vuelta, en la que fue superado por Fangio y más tarde por Farina y González, hasta que en el décimo giro no le quedó otra que entrar a boxes para cambiar los neumáticos muy deteriorados. No era casualidad ese desgaste. Al ser más pequeñas, las ruedas giraban más veces sobre una pista que en algunos sectores tenía empedrado y esto las desgastaba.
Por el contrario, los Alfa Romeo, con neumáticos más grandes y con las altas presiones recomendadas por Pirelli, rendían a la perfección y le permitían a Fangio gozar de un cómodo liderazgo que se se prolongó hasta el final de la carrera, mientras Ascari llegaba cuarto a dos vueltas, superado también por Froilán y Farina. Se tuvo que conformar con el subcampeonato y una cena en Milán que por una apuesta (abonaba el que ganaba el título) le pagó Fangio. ”Fue la cena que pagué con más gusto”, dijo el Chueco. No era para menos.
Hace 75 años en España, los argentinos festejaron un triunfo, un doblete en los primeros lugares y un título mundial. Qué tiempos aquellos, mirados desde este presente con tanto orgullo como nostalgia.





