Es habitual por estos tiempos que la Fórmula 1 castigue a sus infractores con un “pase y siga” en plena carrera, con un recargo de tiempo o con el agregado de negativos puntos en su libreta de conducta. Una anomalía técnica, un error en los boxes que implique peligro o una maniobra comprometida en la pista, muchas veces suelen terminar con alguna de esas penalidades, a las que el tiempo le sumó otra: la de retrogradar posiciones en la grilla del próximo Gran Premio. Claro que desde que a Nigel Mansell (Ferrari) se le prohibió correr en España en 1989 después de no haber respetado una bandera de exclusión en la carrera anterior -Portugal-, la Fórmula 1 vivió entonces años de una dureza reglamentaria extrema, en la que a su dirigencia no le temblaba el pulso a la hora de firmar una prohibición de participación a cualquier infractor para el o para los Grandes Premios venideros.
Pero sobre el particular, seguramente no hubo otro año como 1994, en el que las suspensiones estuvieron a la orden del día y, para colmo, recayeron en pilotos renombrados, lo que ayudó a que no pasen desapercibidas. En aquel triste campeonato, recordado por haberse llevado la vida de Ayrton Senna, las penalizaciones arrancaron bien temprano: en la primera fecha, el Gran Premio de Brasil, el Jordan de Eddie Irvine motivó un choque en cadena que dejó fuera de combate al McLaren de Martin Brundle, al Benetton de Jos Verstappen y al Ligier de Eric Bernard. Semejante “desparramo” puso al irlandés en el ojo de la tormenta y ni bien el tema pasó a penalidades, Irvine fue impedido de participar en las tres fechas siguientes (Gran Premio del Pacífico, San Marino y Montecarlo), siendo reemplazado primero por Aguri Suzuki y luego por Andrea De Cesaris. La novena escala del Mundial, en Alemania, fue testigo de algo similar, pero esta vez en la primera curva: el ímpetu por ganar posiciones de Mika Hakkinen (McLaren) provocó que diez máquinas -incluida la de él- de las 26 que se habían puesto en marcha en Nurburgring quedaran inertes a un costado por los golpes recibidos. Mika fue castigado con una carrera y estuvo ausente en la siguiente prueba, Hungría, donde lo reemplazó Philippe Alliot.
Mucho más sonado fue el caso de Michael Schumacher (Benetton), que era el cómodo líder de ese torneo ’94 cuando la Fórmula 1 llegó a la octava fecha (Gran Bretaña). Allí, “Schumi” se adelantó en la grilla y por ese motivo recibió una bandera negra que no respetó en ningún momento y siguió hasta el final de la carrera, terminando en la 2ª posición detrás del Williams de Damon Hill. Por supuesto, fue desclasificado. Idéntica sanción recibió en Bélgica, porque tras ganar en la pista se comprobaron anomalías técnicas en su B194. A posteriori, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) optó por suspender al alemán en los Grandes Premios de Italia y de Portugal, ausencia aprovechada por Hill, quien al ganar esas dos competencias se colocó a una sola unidad en el certamen que posteriormente tendría un polémico final. Como quedó dicho más arriba, aquel 1994 permanece en la memoria colectiva por la partida del gran Ayrton, aunque en la faz deportiva, para quien quiera estudiarlo a fondo, también será recordado por la dureza de sus penalidades.





