Cualquier adjetivo le queda chico. El Nürburgring es el ideal de cualquier circuito de carreras, pero tan desafiante que hace medio siglo atrás la Fórmula 1 debió abandonarlo. Creado hace un siglo exacto, inaugurado en 1927, pasó la primera mitad de su existencia albergando a las máquinas de Grand Prix, las potentes bestias de preguerra, y luego a los F-1, hasta que el accidente de Niki Lauda y su Ferrari 312T, el 1° de agosto de 1976, selló el divorcio.
La presencia de Max Verstappen en las 24 Horas de Nürburgring, este fin de semana, de alguna manera recuperó cierto vínculo entre el magnético escenario y la F-1. La presencia en el clásico de resistencia del circuito de un piloto vigente en la máxima categoría es muy esporádica. Hay que remontarse a 1989, cuando Emanuele Pirro, entonces piloto de Benetton, ganó las 24 Horas.
La salvaje extensión de Nürburgring, con sus originales 176 curvas -que ahora son casi 190-, con curvas de todo tipo y una diferencia de altura de 300 metros entre el punto más alto y el más bajo (el puente de Adenau) tiene una explicación socioeconómica. La zona de las montañas Eifel era una de las más pobres de Alemania en la década del ‘20.
La idea de un circuito de carreras había sido lanzada por el Kaiser en 1907, pero para 1925 el monarca ya estaba exiliado en Holanda. Un diputado de la zona, el doctor Otto Creutz, se cargó el proyecto al hombro: sus diseños estuvieron listos en abril de 1925.
Se apeló a las ideas keynesianas para sacar adelante tan ambiciosos planes: más extensión implicaba más mano de obra, más empleo, más reactivación de la economía. Se construyó con fondos estatales. Unos 25 mil hombres trabajaron en el circuito, cuya versión original (dos circuitos enlazados, el Nordschleife y el Südschleife) medía 28.270 metros de concreto en la recta principal y asfalto.
Fue inaugurado en junio de 1927. Creutz buscaba prosperidad para la región y la obtuvo: el dinero que atrajo a la zona durante el último siglo es incalculable. Este fin de semana se vendieron entradas para 350 mil espectadores.
La debe su nombre a su ubicación, en torno al casi milenario castillo del Nürburg, que data del siglo 12. Es el Anillo del Nürburg, el Nürburgring. El Grand Prix de Alemania se disputó allí entre 1932 y 1976.
Solo los grandes nombres se volvieron “Ringmeisters”, Maestros del Ring, venciendo en más de una ocasión: Rudi Caracciola en los ‘30, Alberto Ascari y Juan Manuel Fangio en los ‘50, John Surtees en los ‘60, Jackie Stewart y Jacky Ickx entre los ‘60 y ‘70. Fue el escocés, que odiaba al circuito, quien le puso el mote que sobrevive: Green Hell, Infierno Verde.
Lauda era piloto activo de F-1 cuando ganó las 24 Horas en 1973. Hans Stuck la ganó antes (1970) y después (1998 y 2004) de su campaña en la máxima categoría. Lo mismo ocurrió con Johnny Cecotto, Christian Danner, Bernd Schneider y Joachim Winkelhock.
Pero quien más aprovechó la escuela de la F-1 para aplicarla a las 24 Horas fue el portugués Pedro Lamy, que tras 32 Grands Prix ganó cinco veces la carrera de larga duración, entre 2001 y 2005.
The rain has eased off. Max Verstappen is out on track for his first lap in the dark.#IGTC #24hNBR pic.twitter.com/MlcYplJ4Rl
— Vincent Bruins 🧡 (@VincentJBruins) May 14, 2026
Aunque sin Fórmula 1 desde hace medio siglo, el Nurburgring no ha tenido un final trágico como el de su creador, el doctor Creutz. Cuando las hordas de Adolf Hitler subieron al poder, entre cientos de miles de víctimas estaba el socialista Creutz. Le atribuyeron una inexistente defraudación en la construcción del circuito. Lo persiguieron y lo mandaron a la ruina. El padre del Nürburgring acabó quitándose la vida.









