Llevan diez años juntos. Han vivido muchas alegrías. Han tenido algunos problemas. Pero nunca estuvieron más disgustados que ahora. Max Verstappen siente que el RB22 es un coche inseguro. Red Bull opina que hay ingratitud en el piloto. Max no quiere revelar qué decisión tomó respecto a su continuidad. El equipo lo empuja a una definición. Algo huele mal en la sede de RedBull Racing, en Milton Keynes, y no es precisamente aceite quemado lo que lo provoca.
Este no es el equipo que cobijó a Verstappen una década atrás. Ya no están Christian Horner ni Helmut Marko, Dietrich Mateschitz ya falleció y hasta la familia Yoovidhya, los tailandeses dueños de la mitad del conglomerado, se ha alineado en el bando contrario.
En el contrato hay una cláusula de salida que puede activarse, ya que Verstappen no podrá ser segundo en el torneo 2026 cuando se llegue al receso, tras los Grands Prix de Bélgica y Hungría. Eso lo libera de honrar el acuerdo cerrado hasta fines de 2028.
A comienzos de junio, Chalerm Yoovidhya quiso comprar esa cláusula para despejar dudas. Raymond Vermeulen, el manager de Verstappen, rechazó una oferta de ocho millones de dólares para desactivarla.
Desde entonces, la cúpula directiva de RedBull, especialmente el tailandés y el CEO Oliver Mintzlaff, se han vuelto críticos del hombre que les dio cuatro títulos mundiales entre 2021 y 2024.
Se dice, inclusive, que Mark Mateschitz, el hijo del fundador de la compañía y dueño de la otra mitad, está muy disgustado con el piloto, al que acusa de ingrato, por no mostrar fidelidad por el equipo que le procuró tantos éxitos y dinero.
Verstappen tiene hasta octubre para comunicar su decisión; Red Bull la pretende con urgencia. Pero el piloto no solo está preocupado por la falta de competitividad del coche o por los problemas de alerón trasero que le provocaron dos despistes en dos fines de semana consecutivos, en la clasificación en Austria y en la carrera en Inglaterra, sino también la falta de claridad sobre rumbo técnico del equipo.
Verstappen quedó muy enojado luego de que no le hicieran caso el domingo, cuando pidió que le cambiasen el motor y largar desde la calle de boxes. El desdén de los ingenieros por sus puntos de vista es un problema de larga data en el equipo, que Laurent Mekies, Team Principal desde hace un año tras la salida de Horner, había logrado atenuar en la segunda mitad de 2025.
Después del despiste en Silverstone se vio conversar en tono serio a Mekies con Vermeulen y Jos Verstappen.
Después de muchos meses coqueteando con Mercedes, Verstappen parece haber encontrado la puerta cerrada en la escuadra que conduce Toto Wolff: las cinco victorias consecutivas de Kimi Antonelli habrían convencido al austríaco de que el concurso del neerlandés no es necesario y ya habría renovado la continuidad de George Russell.
De manera que la única butaca relativamente disponible en caso de que Verstappen quiera ejecutar su cláusula es la segunda de McLaren, dado que hace rato que Oscar Piastri manifestó su voluntad de salida, disconforme con el trato dispensado a lo largo de 2025. Se habla, inclusive, de un trueque entre ambos equipos.
Esos rumores están alimentados, de paso, por la partida de Gianpiero Lambiase, el ingeniero de pista de Verstappen en RedBull durante todos estos años, a la escuadra de Zak Brown ya en 2027. Por esa razón, el director técnico de Red Bull, Pierre Wache, comenzó a escatimarle información a Lambiase sobre el desarrollo del coche, para evitar la fuga de datos sensibles a un equipo rival.





