Tan variada como extensa es la lista de circuitos por los que ha transitado la Fórmula 1 en territorio estadounidense. Igual, no todos respondieron a la denominación de Gran Premio de Estados Unidos, al punto que las primeras diez ediciones del paso por dicho país conservaron el nombre original de 500 Millas de Indianápolis. No era para menos, aunque incluso pese a ser mundialista, la fecha tuvo el boicot de la mayoría de los pilotos europeos y no estadounidenses.
Por todo esto, el inicio del historial del Gran Premio de Estados Unidos, puede ubicarse en 1959, es decir, nueve años después del comienzo del Campeonato Mundial. Con una Fórmula 1 relegada en trascendencia, por la por entonces popular USAC (actual IndyCar), le costó encontrar escenario para su instalación en el calendario.
Esta situación se reflejó con los tres circuitos diferentes que fueron escenarios de otras tantas ediciones. Sebring, un trazado con antecedentes de aeródromo, la recibió en 1959 y vió el debut triunfal de un joven (22 años) Bruce McLaren (Cooper Climax) y la esforzada y angustiosa primera coronación (llegó cuarto empujando su Cooper-Climax) de Jack Brabham. Al año siguiente, Riverside tuvo su fugaz presencia con victoria de Stirling Moss (Lotus-Climax) y la segunda consagración de Brabham.
Con la llegada a Watkins Glen en 1961, el Gran Premio yanqui pareció hallar su escenario. Permaneció hasta 1980, ubicado en los últimos lugares del calendario, lo que lo eligió en escenario de muchas definiciones de títulos y de algunas tragedias, como las que en 1973 y 1974 se cobraron las vidas de Francois Cevert y Helmut Koinigg en espantosos accidentes. Incluso se lo diferenció con la denominación de Gran Premio Costa Este cuando en 1976 se incorporó la fecha de Long Beach como segunda carrera en territorio norteamericano y versión Costa Oeste. Esta carrera conservó su identidad local hasta que en 1984 eligió seguir con IndyCar.
La falta de definición sobre un escenario fijo provocó una pausa entre 1981 y 1988 en el historial del Gran Premio, que no llenaron las carreras en Las Vegas y el callejero de Detroit, que mantuvieron su nombre ciudadano entre 1985 y 1988.
El quiebre real de esa pausa se dio con la aparición de otro callejero, el de Phoenix. Albergó tres Grandes Premios entre 1989 y 1991 y en el recuerdo sobresale la edición 1990, con el vibrante duelo que Ayrton Senna con el McLaren le ganó al blanco Tyrrell de Jean Alesi.
No tardó en abrirse paréntesis desde 1992 hasta el 2000. El deseo de Bernie Ecclestone de conquistar el amplio mercado estadounidense movió el retorno con el particular proyecto de llevar el Gran Premio al circuito de Indianápolis, pero no al óvalo, intocable para los yanquis, sino a un trazado tipo Gran Premio mucho menos veloz.
Todo anduvo bien hasta que el 19 de junio del 2005 llegó la recordada carrera con los problemas de confiabilidad de los neumáticos Michelin. Sus usuarios, la mayoría de la grilla, decidieron retirarse tras la largada y esto derivó en una carrera con sólo 6 participantes, que mostró el paseo veloz de las Ferrari de Michael Schumacher y Rubens Barrichello y el sorprendente tercer lugar al Jordan de Thiago Monteiro. Una situación que deterioró la imagen de la Fórmula 1 en Estados Unidos e inauguró en 2008 una nueva pausa, ya que por varios años nadie quiso saber nada de la F1 en Estados Unidos.
Nada es eterno en esta vida, menos en la Fórmula 1, y en este caso la grieta se cerró en 2017. El avance de Liberty Media en las decisiones de la Fórmula 1 allanó el camino para que el Gran Premio de Estados Unidos regrese en 2012 al calendario del Campeonato Mundial con esta denominación y el circuito de Austin, como escenario, por el momento inamovible.





