UN CAMBIO EXTRAORDINARIO, RADICAL Y MISTERIOSO

La Fórmula 1 del 2026 ya no se tratará de solamente de performance pura, sino también de eficiencia y sostenibilidad. Los fabricantes de motores, encantados: pero ¿qué dirán los pilotos y los aficionados?

El de 2026 es un cambio extraordinario para la Fórmula 1. Es decir, fuera de lo común, de lo habitual. Es un cambio que, por primera vez, afecta a todas las variables de performance de un coche de competición, a la vez que transforma a la categoría: ya no se trata solamente de máximo rendimiento, sino que adquieren preponderancia la eficiencia, la sustentabilidad y, nuevamente, la relevancia para la industria automotriz.

En ese sentido, el reglamento apela al deseo de la industria de poder utilizar los Grands Prix como escenario de desarrollo de nuevas soluciones, no ya solamente como un ejercicio de marketing.

Esa es la seducción que ha ejercido sobre los nuevos fabricantes de motores, como Audi o Ford, a la vez que retuvo el concurso de Honda, que siempre coquetea con la idea de dejar las carreras para volver unos años más adelante. También Cadillac, que introducirá sus impulsores en 2028. Y ahí está Toyota, que ya produce motores de filosofía similar para el WEC, apostando a una sociedad de largo aliento con Haas.

En ese sentido, intentando atraer nuevos fabricantes y reteniendo a los que ya están, aunque esa estrategia haya fracasado en el caso de Renault, es que el sistema híbrido deja de ser un complemento de los motores de combustión interna, para volverse decididamente un factor de performance. La industria ya desarrolló ampliamente todo lo necesario para los motores de combustión, y un cambio solo fundado en la adopción de combustibles sintéticos, como se había decidido en 2021 ante la salida (luego abortada) de Honda, no alcanzaba para apelar al concurso de nuevos fabricantes.

A los fabricantes los sedujo. Presumiblemente, Mercedes y Ford/RedBull están un paso adelante con la solución que habrían adoptado para incrementar la compresión durante el proceso de combustión, un truco que a la luz del reglamento escrito es totalmente legal. Es una solución que, en una pista como Monza, en la que los coches se pasan frenando apenas el 7 por ciento del recorrido, la menor distancia del calendario, podría significar una ventaja teórica de cuatro décimas de segundo por vuelta.

Habrá que ver si a los pilotos los seduce también. Porque con este cambio de sustancia en la Fórmula 1 ya no tendrán que ocuparse solamente de extraerle la mayor performance al coche, sino, por momentos de cuidar esa performance, a través de la regeneración de energía eléctrica. Tendrán mucho más que hacer que conducir con volante y acelerador.

Y habrá que ver, también, si esta F1 apela tan directamente a la pasión de los aficionados. En la Era Híbrida se perdió el rumor tan característicamente agudo de los motores, y ahora acaso no se trate de quien puede ir más rápido sino de quien lo haga de manera más eficaz. ¿Eso caerá bien a los fanáticos?

Por ahora, los equipos están terminando de ensamblar sus autos, para lo cual todavía disponen de dos semanas más, y, más allá de Audi, que se apura a probar el suyo porque les resulta imprescindible asegurarse de que su debut es lo más fluido posible, el resto de las escuderías irán presentando sus decoraciones antes que sus novedades. Hasta que llegue la semana de la verdad, del 26 al 30 de este mes, en Barcelona.

Por lo tanto, por ahora son solo especulaciones: los autos podrían llegar a 440 km/h con la mitad del drag que tuvieron en 2025, pero como la potencia eléctrica se corta a los 290 km/h llegando a cero a los 345 km/h, las simulaciones teóricas sugieren que la velocidad máxima no superará los 359 km/h.

También que, aún pudiendo ser más veloces que sus antecesores, gracias a su aerodinamia activa, los autos de 2026 acabarán siendo un segundo y medio a dos segundos más lentos, porque no habrá potencia eléctrica suficiente para sostener los 1000 HP teóricos de cada unidad de potencia a lo largo de toda una vuelta.

Solo especulaciones que demuestran la ansiedad que existe por ver a la Fórmula 1 más radical de la que se tenga memoria.

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