Los que dieron la nota (o las notas) fuera del cockpit

Crear melodías, ejecutar un instrumento musical, grabar un álbum o subirse a un escenario parecen tareas incompatibles con la de conducir profesionalmente una máquina a 300 km/h. Pero para un grupo de intrépidos y apasionados pilotos no hubo nada de eso y se las ingeniaron para convertirse en artistas sin más ambición que la de divertirse un rato.

A través de diferentes formas y más de una vez, hicimos referencia al vínculo de la Fórmula 1 con la música. Posiblemente, si hablamos de pilotos, el primero que combinó esas disciplinas fue el belga Johnny Claes, el “bon vivant” que en los ’50 tocaba de forma eximia la trompeta y el saxofón al tiempo que con una Talbot o un Gordini buscaba lograr decorosas actuaciones en los circuitos de la máxima categoría. Claes no sólo tuvo su propio conjunto (“The clay pigeons”) sino que hasta llegó a grabar un par de discos con ellos. Pero -aún en una época en la que muchos no profesionales podían participar de las grillas- estuvo lejos de ser el único.

A comienzos de los ’80, cuando el grupo sueco Abba lideraba los rankings de ventas de discos alrededor de todo el planeta, uno de sus músicos sesionistas, el baterista Slim Borgudd (de la misma nacionalidad que la banda) llegó al circo magno de la velocidad. Con ATS y con Tyrrell llegó a tomar parte de diez GGPP entre 1981 y 1982, época en la que no dejó de canalizar simultáneamente sus pasiones. También editó un álbum en solitario (llamado “Funky Fórmula”) y se hizo especialmente popular en el ambiente de la velocidad por su simpatía y porque cuando condujo para la escudería alemana, en ésta le permitieron generosamente llevar la publicidad de “Abba” bien visible en el flanco de su máquina.

Compañeros en Williams durante un par de temporadas en los ’90, Damon Hill y Jacques Villeneuve fueron otros dos conductores que se lucieron sobre las tablas y fueron muy respetados por el profesionalismo con el que lo hicieron. El británico, fan declarado del rock progresivo, se calzó la guitarra a la par del volante e integró la banda “Six pistons” y, una vez campeón mundial y ya retirado, formó “The conrods”, además de compartir escenarios con su colega Johnny Herbert o figuras de la talla de Joe Elliott (cantante de Def Leppard) y hasta con el ex Beatle George Harrison, nada menos. Villeneuve, también monarca en 1997, quizá más melódico y algo menos rockero que su coequipier, se lució empuñando las seis cuerdas y llegó a grabar un disco solista en inglés y en francés llamado (“Private paradise”) con el tema “¿Me aceptarás?” como principal corte de difusión de la placa.

Al margen de los pilotos, el siempre recordado Eddie Jordan, quien tuvo su propio equipo en la Fórmula 1 por 15 temporadas, le dio música y color a varias veladas relacionadas con la categoría. Lo hizo desde la batería del grupo “V 10”, que lejos de tener una formación estable, variaba de acuerdo a quien quisiera compartir la noche con él. Histriónico y más que divertido, Jordan tampoco fue un improvisado en su instrumento: su instructor tras los parches fue Nick Mason, el histórico baterista de Pink Floyd. Gracias a eso, él también fue uno de los tantos hombres vinculados al mundo de la elite de la velocidad que supo poner un toque melómano para descomprimir en parte la tensión de un fin de semana de carreras.

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