Desde su mismísima concepción, el Mundial de Fórmula 1 no se destacó por el orden ni por la importancia que le daba a la numeración de los autos. A veces se otorgaban por sorteo, otras (como adelantáramos en una nota anterior) por cómo iba el campeonato hasta ese entonces y hasta hubo una prueba (Alemania ’52) en la que todos los coches llevaron cifras de tres dígitos. Ello motivaba que en la mayoría de los casos, un competidor luciera más de un número distinto en el mismo ejercicio y como muestra al azar, podemos encontrar el caso de Stirling Moss, quien en temporada de 1959 no sólo compitió con dos marcas diferentes (Cooper y BRM), sino que lució el 2, el 4, el 6, el 7, el 11, el 14 y el 30. Sí, siete numeraciones disímiles en apenas ocho Grandes Premios disputados.
Un mejor y más claro ordenamiento se llevó adelante a partir de la 5ª fecha del Mundial de 1973 (Bélgica), cuando los equipos pasaron a ser los dueños permanentes de sus dorsales por todo el año y entonces, quedaron fijados -en ese entonces- el 1 y el 2 para Lotus (Campeón de Constructores del ‘72), el 3 y el 4 para Ferrari, el 5 y el 6 para Tyrrell, el 7 y el 8 para McLaren, etc. Posteriormente, a través de los años, el consagrado monarca de cada ejercicio pasó a llevar el 1 al año venidero, y su compañero de equipo, el 2. La escuadra que los tenía hasta entonces pasaba a tener los números libres del monarca de turno. Por ejemplo, en 1980, cuando Alan Jones -con Williams- ganó la corona, Ferrari tenía el 1 (Jody Scheckter) y el 2 (Giller Villeneuve), números que debió abandonar en 1981 en beneficio del nuevo campeón y de su compañero, Carlos Reutemann, mientras que el 27 y el 28 pasaron de Williams a lucirse en las máquinas italianas, en tanto que el resto de las escuadras mantenía sus lugares en la nómina anual.
Esta normativa se modificó definitivamente a partir de la primera carrera de 2013, cuando cada piloto pasó a elegir su propio número para toda la temporada y ni siquiera el campeón tenía la obligación de llevar el 1, tal como durante mucho tiempo lo hizo Lewis Hamilton, que eligió desecharlo y mantener el tradicional 44. Si bien el inglés era partidario de lucir el 22, como éste estaba ocupado ese año por su compatriota Jenson Button, duplicó la cifra y la pintó en su Mercedes, para no modificarlo nunca más. Algunos, como Nico Hulkenberg, optaron por homenajear a su ídolo, y por eso el alemán luce hasta hoy el emblemático 27 que perteneció a Villeneuve, o Valtteri Bottas, que eligió el 77 porque visualmente luce como la doble “T” que lleva tanto en su nombre como en su apellido. Son apenas un par de historias detrás de un número y que sin ir más lejos, “nuestro” Franco Colapinto refrenda al llevar el 43 que durante un tiempo identificó a su padre Aníbal cuando éste participaba en el Turismo Nacional.





