HUBO UN GP ARGENTINO DE F1 QUE SALVARON LOS PERIODISTAS

Increíble e impracticable en la actualidad, en 1973 el Gran Premio de Argentina fue posible gracias a la decidida acción de un grupo de colegas que movilizaron las gestiones entre el ACA, la FIA y el gobierno nacional. Salió un “carrerón”, que Fittipaldi les ganó a los Tyrrell de Stewart y Cevert.

Tan lejanos como los 53 años que han pasado desde aquel 28 de enero de 1973 están, en las más fértiles imaginaciones actuales, las circunstancias que rodearon el Gran Premio de la República Argentina de Fórmula 1, disputado este caluroso domingo o en el por entonces denominado Autódromo de Buenos Aires.

Es que ¿quién de los actuales chicos, adolescentes, jóvenes que se ilusionan con Franco Colapinto y esta ultra moderna Fórmula 1 puede entender y hasta creer que aquella carrera fue salvada por la decidida intervención de un grupo de periodistas? Crease o no, junto con las autoridades del Automóvil Club Argentino y del gobierno nacional, revirtieron la situación de un Gran Premio que, a poco menos de dos meses de su fecha agendada en el calendario, parecía condenado a la cancelación por problemas económicos.

Eran tiempo políticos agitados aquellos del comienzo de 1973. La cercanía del regreso de la democracia (hubo elecciones el 11 de marzo) despertó ilusiones y expectativas, pero también enfervorizó pasiones tras el retorno al país (noviembre 1972) de Juan Domingo Perón. En medio de esta situación, el general Alejandro Lanusse, desde su cargo de presidente de la Nación, anunció la imposibilidad de organizar el Gran Premio de Fórmula 1, al considerar exagerado los 320 millones de pesos, unos 300.000 dólares de la época, requeridos para su realización.

“Algo hay que hacer”  fue la coincidente conclusión de los 15 periodistas dedicados al automovilismo en los principales medios de comunicación, al término de uno de los tradicionales almuerzos de fin de año, donde, por supuesto, el tema central de las charlas fue la preocupación por la cancelación del Gran Premio. A diferencia de los actuales tiempos, algo se podía hacer para salvar el Gran Premio en años en que las decisiones de la Fórmula 1 estaban más cercanas. Los centros de poder no eran tan inaccesibles como los actuales y prepotentes de Liberty Media. Todo se arreglaba entre los organizadores locales y la FIA, aunque ya empezaba a meter las narices un inglés bajito con avanzado sentido comercial: Bernie Ecclestone. Eran sus primeros pasos y, por lo tanto, era más permisivo en los acuerdos comerciales. Además, tenía intereses en que la carrera argentina se hiciera, porque en el equipo Brabham que comandaba, corría Carlos Alberto Reutemann.

No había tiempo que perder y, por eso, apenas terminado el almuerzo, los 15 periodistas se repartieron las tareas. Asimismo, directivos del ACA agendaron urgentes reuniones con funcionarios y directores de empresas, mientras que, recién llegado de Europa, y preocupado por la situación, Juan Manuel Fangio aportó lo suyo con sus contactos. Y no fue poco.Una reunión entre el presidente Lanusse y el doctor César Carman, titular por entonces del ACA y abuelo del actual presidente de la entidad, empezó a despejar los nubarrones de días atrás y la chance de mantener el Gran Premio se hizo más clara. Lanusse aceptó liberar los fondos para concretar el Gran Premios, a cambio de recuperarlos con los aportes de las inversiones publicitarias de las empresas privadas y el pago de los derechos televisivos. Además, puso un requisito especial: todos, sin excepciones, debían pagar su entrada. Condiciones inimaginables e inaceptables en los años actuales.

Todos estos esfuerzos merecían un acompañamiento de la buena fortuna. Y así fue. Con el Gran Premio asegurado, llegó el esperado domingo 28 de enero. Un día radiante que favoreció la multitudinaria concurrencia al autódromo. Encima, deportivamente, la carrera entregó uno de los desarrollos más atractivos de las 20 ediciones que tiene hasta ahora el Gran Premios de la República Argentina.

Superada la decepción inicial por el prematuro abandono de Reutemann en la vuelta 17, por un problema en la caja del Brabham BT37, la multitud vibró con el duelo de Emerson Fittipaldi, sobre el negro-dorado Lotus 72, contra los azules Tyrrell de Jackie Stewart y Francois Cevert. Nada menos que tres de las grandes figuras de la época. Los Tyrrell hicieron punta, pero fiel a su estilo, Emerson fue acortando distancias con el transcurrir de las vueltas. Le costó superar a un obstinado Stewart e incluso debió mostrarle el puño alzado en señal de protesta por la excesiva defensa del escocés de su puesto, que el brasileño consiguió su objetivo en la entrada de los mixtos.Faltaban 20 vueltas de las 96 programadas al circuito de 3.345 metros. y, a esa altura, Emerson ya se había ganado el apoyo del público. A 10 giros del final, el brasileño dio su última y decisiva estocada con otro sobrepaso, menos complicado que el anterior a Stewart, ante un ya resignado Cevert. Así, en medio de un público enfervorizado por la preeminencia sudamericana, Fittipaldi marchó rumbo a uno de sus triunfos más brillantes en el estreno de su primer título mundial. Atrás habían quedado Stewart, el monarca anterior y quien finalmente se consagró en esa temporada 1973, y esa gran promesa que era el joven francés Cevert, destrozada ocho meses más tarde contra un guardarrail en el circuito estadounidense de Watkins Glen.

El éxito de este Gran Premio no terminó con la bandera de a cuadro que consagró el primero de los dos triunfos (volvió a ganar en 1975 con un McLaren) de Fittipaldi en Argentina. Hubo otro muy significativo a la hora de hacer las cuentas, cuando los organizadores reportaron una ganancia de 72.789.959 pesos, unos 70.000 dólares de esos tiempos. Una cifra que fue entregada al gobierno según cuenta el recordado y prestigioso periodista Miguel Angel Merlo en su libro “Las tuercas calientes”, donde también detalla del grupo de colegas que lo acompañaron en el salvataje del Gran Premio. Lo integraron Antonio Basualdo, Alberto Hugo Cando, Francisco Cannone, Roberto Carozzo, Alberto Fernández, Isidro González Longhi, Héctor Granato, José Tomás Oneto, Alfreso Parga, Juan Carlos Pérez Loizeau, Enrique Sánchez Ortega, Luis Elías Sojit, Germán Sopeña y Carlos Marcelo Thiery.En momentos que se busca recuperar el Gran Premio argentino de Fórmula 1, vale este recuerdo, más como nostálgica evocación que en función de algún tipo de comparaciones. Imposible hacerlas entre esta Fórmula 1, altamente tecnológica y sofisticada que tenemos, con aquella más simple, humana y cercana a la gente, que permitía historias como las narradas, que para las nuevas generaciones suenan increíbles, pero que realmente ocurrieron.

Un comentario

  1. Es mi primer recuerdo de carreras de Formula 1, tenía 9 años y estaba pegado al televisor junto a mi familia. Todos alentabamos a Emerson que hizo tremendo carrerón.

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