Cuando nadie se iba sin ganar

Una amplia variedad de ganadores es lo que todo simpatizante imparcial de la Fórmula 1 siempre desea observar. Hubo momentos de totalitarismos que quebraron la ilusión de ver algo similar, pero alguna vez la paridad dominó tanto la escena que en un año calendario (que abarcó parte de dos torneos) no se repitió ni un solo triunfador.

Sin lugar a dudas, los más grandes momentos de la Fórmula 1 y por ende, los más atractivos, siempre se generaron cuando hubo varios pilotos en pugna y era virtualmente imposible arriesgar con relativa certeza un ganador. Los totalitarismos de dominadores constantes le quitaron a la categoría ese brillo por varias temporadas y así, la supremacía de Michael Schumacher con Ferrari, la de Sebastian Vettel con Red Bull, la de Lewis Hamilton con Mercedes y la de Max Verstappen nuevamente con Red Bull, fueron “responsables” de que se pronunciaran pocos vencedores fuera de una lógica prestablecida.

A diferencia de lo mencionado, a comienzos de los ’60, aparecieron numerosas figuras de las cuales muchas serían consagradas con la corona máxima. A ello se sumó la gran paridad de las marcas que luchaban por la supremacía y ello, en definitiva, redundó que entre los Grandes Premios de Francia de 1961 y 1962 no se repitiera ningún vencedor, situación que jamás volvió a darse en la máxima categoría. Nada menos que nueve competidores diferentes se subieron a lo mas alto del podio en igual cantidad de carreras consecutivas. La serie comenzó el 2 de julio de 1961, cuando el italiano Giancarlo Baghetti, en su debut en la F1, llevó a la victoria a una Ferrari en Reims, por la 4ª fecha del torneo. En la 5ª, también con Ferrari, fue el turno del alemán Wolfgang Von Trips, quien ese mismo año perdería la vida cuando era el líder del campeonato. El siguiente compromiso fue en Alemania y el gran Stirling Moss consiguió imponerse a bordo de su Lotus-Climax, a la vez que en el GP de Italia fue el turno del norteamericano Phil Hill, también con Ferrari para delirio de los “tifosi”. La temporada se cerró en Watkins Glen y allí los laureles recayeron en los hombros del británico Innes Ireland (Lotus-Climax).

Con cinco triunfadores en los últimos cinco GGPP del ’61, era lógico esperar que alguno de ellos repitiera su éxito en el arranque de 1962. Pero no ocurrió nada de eso. De hecho, siguieron los festejos de otros protagonistas. En la apertura en Países Bajos, el circuito de Zandvoort vio imponerse a Graham Hill, con un BRM, a quien lo sucedió Bruce McLaren, que puso al tope de la clasificación final a un Cooper-Climax nada menos que en Montecarlo. La 3ª fecha del año, en Bélgica, quedó en poder de Jim Clark, como siempre a bordo de un Lotus, y la seguidilla se completó el 8 de julio de 1962 otra vez en Francia -donde todo comenzó un año atrás- cuando el Porsche de Dan Gurney (en la foto) dio la nota llevándose los 9 puntos en juego. Recién en la jornada siguiente (Gran Bretaña) se acabó la guarda y Clark repitió lo hecho en Bélgica. Aquello no fue impedimento para que hoy resaltemos un récord que permanece inamovible hasta nuestros días y con no muchas posibilidades de reeditarse en breve.

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