Cinco lo intentaron, pero sólo dos dejaron huella

La historia de las mujeres no ha sido muy frondosa en las páginas del libro de la máxima categoría. Entre quienes consiguieron llegar a tomar parte de un fin de semana de un Gran Premio, solamente dos quedaron en las estadísticas. Aún así, cada una de ellas ofreció para la posteridad situaciones particulares que a continuación desentrañaremos.

Impetuosas, determinadas, corajudas. Más allá de cuál haya sido el resultado final de sus incursiones, las cinco mujeres que integraron alguna vez el circo magno de la Fórmula 1 merecieron, y obtuvieron, el máximo respeto de sus compañeros hombres y de todos aquellos que comprenden lo complicado que fue siempre para el mal llamado “sexo débil” jugar sus cartas en el automovilismo de elite. Fueron solamente cinco en más de tres cuartos de siglo, lo que en definitiva también habla de la dificultad que fue para ellas ganarse su sitio por mérito propio.

Las italianas María Teresa De Filippis y Maria Grazia “Lella” Lombardi no sólo fueron las que marcaron el camino, sino también las que llegaron más lejos. La primera de ellas resultó la pionera absoluta, muy amiga de Luigi Musso y que gracias a éste consiguió una Maserati 250F para tomar parte de una categoría monomarca antes de lanzarse a la aventura de la F1. Y cuando lo hizo, aunque quedó fuera de la grilla de Montecarlo 1958, tuvo su desquite largando y llegando 10ª en el difícil Spa Francorchamps, convirtiendo esa carrera en la primera con una dama en la largada y también la primera con una mujer recibiendo la bandera de cuadros. Un par de abandonos más y el pase para 1959 al equipo Porsche como compañera de Jean Behra empezaron a marcar el final de su breve campaña: la muerte del propio Behra, en Alemania, y un avanzado problema de audición forzaron su retiro. 

Más prolongado fue el periplo de “Lella” (foto), que tras un frustrado arranque con Brabham en 1974, logró un contrato anual con March para el ’75 y con un modelo 751 llegó 6ª en el GP de España que marcó el final del peligroso circuito de Montjuich. Ese día, un accidente de Rolf Stommelen que se llevó la vida de cinco espectadores, obligó a la detención de la prueba antes de cumplirse dos tercios de la misma. Y aunque por ello se otorgó la mitad del puntaje, Lombardi se acreditó media unidad, convirtiéndose hasta hoy en la única mujer que sumó para el campeonato.

Tres chicas más participaron en la F1 detrás de un volante. Pero ya no lograrían trascendencia.

Divina Galica, británica, excelente esquiadora (llegó a ser la N° 7 del ranking mundial), no logró clasificar a su limitado Hesketh ni en Argentina ni en Brasil en 1978 y desistió de seguir intentándolo. La sudafricana Desiré Wilson pudo haber sido la última en largar un GP oficial, ya que corrió en su país, en 1981. Pero esa prueba, ganada por Carlos Reutemann, luego no tuvo validez y, posteriormente, la joven de 27 años debió dejarle la butaca de su Tyrrell al ascendente Michele Alboreto. Finalmente, en 1992, otra italiana, Giovanna Amati, firmó con Brabham para toda la temporada, pero tras no pasar el corte clasificatorio en Sudáfrica, México y Brasil, fue reemplazada por otro novato, pero de apellido célebre: Damon Hill, quien también penó con ese BT60B, aunque al menos logró tomar parte de dos GGPP.

Desde entonces, las señoras y señoritas que se multiplicaron en las categorías de todo el mundo buscando su lugar en la F1, por un motivo u otro, no han podido seguir la guarda armada por estas cinco intrépidas. Vale agregar que ellas, a su modo y sorteando los duros escollos de una disciplina históricamente machista, hicieron que sus apellidos se repitieran en boca de expertos y neófitos alrededor del planeta. Y eso no es poca cosa.

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