AQUEL GRAN PREMIO QUE JONES LE GANÓ A NIKI

El juego de palabras con el nombre y apellido del excantante de Club de Clan, recuerda el sorpresivo desarrollo que tuvo en 1977 el Gran Premio de Austria, que ante el local Lauda le dio al australiano su primer éxito en la Fórmula 1.

Con las victorias de Vittorio Brambilla (1975) y John Watson (1976), venía a pleno en el historial del Gran Premio de Austria de Fórmula 1 la racha de ganadores debutantes en el Campeonato Mundial. Y como también en el automovilismo, a veces no hay dos sin tres, como advierte el dicho, esa serie se prolongó en 1977 con el triunfo de Alan Jones.

Como en los casos anteriores de vencedores primerizos, ver a Jones en lo más alto del podio no estaba en los pronósticos mayoritarios. Es que entonces, ni por asomo, este australiano había logrado la atención y trascendencia alcanzada en los 80 con sus victorias con el Williams, el título mundial y, para los argentinos, como el áspero “compañero” de Carlos Reutemann.

Era conocido por su dureza dentro y fuera de las pistas, armas con las que, luego de emigrar de su Australia natal, fue ganándose la confianza de gente con poder y dinero como Harry Stiller y Don Nichols. El primero le dio la posibilidad de competir en la Fórmula 5000 y Tres Inglesa. Nichols apostó por Alan cuando debió elegir un piloto veloz para ocupar en su equipo Shadow el vacío dejado por la muerte de Tom Pryce en aquel  horrendo accidente en Sudáfrica 1977.

Jones encontró en Shadow la estabilidad en la Fórmula 1 que no había tenido en sus inicios con las  aisladas participaciones con Embassy y Hesketh, y el buen clima que le faltó en Surtees por su mala relación con el múltiple campeón de motociclismo. Esta tranquilidad le permitió una paulatina consolidación. El sexto puesto en Mónaco y el quinto en Bélgica fueron los anticipos para el gran y sorpresivo golpe que dió el 14 de agosto de 1977 en Osterreichring, la denominación que entonces, con sus 5.942 metros, tenía el mismo autódromo que actualmente se llama Spielberg, mide 4.326 metros y el fin de semana recibe a la Fórmula 1.

Eran aquellos años en los que predominaba la cantidad de participantes, aunque no siempre guardase relación con la calidad. En aquel Gran Premio austríaco hubo 30 participantes, de los cuales 26 pasaron el filtro de la clasificación eliminatoria y quedaron habilitados para largar la carrera. Lauda, con la Ferrari 312-T2, marcó la pole y Jones quedó decimocuarto con el Shadow DN8. Nadie se asombró. Si, hubo algunos comentarios cuando en las pruebas libres de la mañana bajo la lluvia, el australiano marcó el mejor tiempo. Los más informados recordaron que para esa carrera el Shadow estrenaba modificaciones que comprendían el traslado del radiador de aceite a la parte delantera, el rediseño de los pontones laterales y la disminución de 25 Kg en el peso. Cambios sugeridos por Tony Southgate en su regreso como asistente técnico del equipo.

Frecuente visitante de los Grandes Premios austríacos, esta vez sólo lo acompañó hasta poco antes de la largada. Por eso prevaleció la elección de neumáticos lisos.

Andretti lideró la carrera hasta la decimosegunda vuelta, en la que una falla en el motor en su Lotus 78 lo sacó de escena y le dejó el liderazgo a Hunt, mientras la pista estaba casi seca y desde atrás Jones concretaba un espectacular avance que lo hizo escalar al cuarto lugar, detrás de Hunt, Jody Schketer y Hans Stuck. El retraso del sudafricano y el sobrepaso a Stuck lo elevaron como escolta de Hunt. Ahí permaneció durante 30 vueltas y parecía que ahí terminaría lo que ya hubiese sido un resultado para festejar.

Imprevisible como es, la buena fortuna tenía más para ofrecerle a Jones. Y se lo brindó a 10 giros del final con la rotura del motor del McLaren M25 de Hunt que, ante el asombro general, dejó a Alan y su Shadow al frente de la carrera. Tener a Niki Lauda a veinte segundo y más interesado, en función del campeonato, en conservar su segundo puesto que en ganar en su país, le dio a Jones la tranquilidad necesaria para completar sin problemas el camino al consagratorio triunfo. Más presionado estuvo Stuck sobre el Brabham BT45B para mantener el segundo y último podio de su campaña, ante la arremetida final de Reutemann con la Ferrari 312T2.

Con esta victoria, Jones retribuyó sobradamente la confianza de Nichols al darle el primer y único triunfo en el Campeonato Mundial de Fórmula 1 a Shadow, un equipo que arrancó en 1973 con grandes pretensiones y terminó pálidamente en 1980.

Por el contrario, para Alan Jones, esta victoria fue la primera de las 12 que muestra su campaña en la Máxima. Además de ese especial valor y el de haber derrotado a un campeón como Niki Lauda en su país, fue la que hizo que muchos ojos comenzaron a seguirlo. Entre ellos, los de Frank Wiiliams, quien lo convocó a su equipo para ser su gran carta deportiva en esos momentos de gloria que estaban tan cercanos. 

A partir de allí surgió el conocido Alan Jones. El mismo que hasta ese Gran Premio de Austria de hace 49 años era casi un desconocido.