Tan protagonistas como los pilotos, las marcas de la Fórmula 1 dejaron su impronta y archivaron en nuestra memoria sus nombres a lo largo de casi 80 años. Los tres equipos más longevos, Ferrari, McLaren y Williams, por ejemplo, llevan la denominación de sus creadores y son un sello inextinguible de la máxima categoría, pero a la par de ellos, hay y hubo un montón más que apoyaron sus denominaciones en nobles fábricas que nacieron elaborando autos de calle (Alfa Romeo, Jaguar, Honda), en firmas de otros productos que luego derivaron hacia el mundo de la competición (Red Bull) y hasta en proyectos quiméricos de pilotos que en su momento se jugaron la “patriada” de convertirse en jóvenes constructores (Fittipaldi, Prost). Existió “de todo” para quien quiera encontrar el origen de los nombres de los casi 170 equipos que supieron desfilar en el circo de velocidad más importante del mundo.
Sin embargo, pocas escuadras en la historia tuvieron una particularidad semejante en cuanto a la creación de su nombre como Arrows. La factoría británica creada en 1978 y que participó sin demasiado éxito (nunca ganó un GP) hasta 2002, guarda una extraña particularidad. A una primera y simple leída, a nadie podría llamarle la atención que un equipo de Fórmula 1 se denomine “Arrows” (“Flechas”, en inglés). Pero más allá de ese sustantivo común, fueron varios los factores que se tuvieron en cuenta para llegar al mismo. El team fue creado por el ex piloto Jackie Oliver, apoyado en la sapiencia de sus experimentados colaboradores Alan Rees -un destacado competidor de F2 que no logró hacer pie en la máxima categoría- y Dave Wass, contando con el invalorable apoyo técnico del talentoso ingeniero Tony Southgate, responsable de varios modelos de autos tipo Le Mans e inclusive, de algunos chasis Ford del recordado Grupo B del Rally.
Para cubrir la parte económica, se recurrió al capitalista italiano Franco Ambrosio, siempre interesado en los menesteres de la elite del automovilismo, como lo había demostrado hasta entonces, “sponsoreando” a Shadow. A la hora de bautizar al flamante equipo no se pensó en la simple “flecha” que cualquiera de nosotros conoce, sino que se tuvo en cuenta la primera letra de cada apellido y entonces, la A de Ambrosio, la R de Rees, otra R de Racing (como corresponde a cualquier grupo de competición), la O de Oliver, la W de Wass y la S de Southgate le dieron forma a la denominación (en clave) de una marca que durante un buen tiempo se ganó la simpatía de muchos hinchas pero que, como tantas otras, debió poner pies en polvorosa a principios del Siglo XXI cuando dejó de ser redituable para quienes casi un cuarto de siglo antes, a través de sus ilustres apellidos, la hicieron nacer con aplicada dedicación y un gran entusiasmo.





