En épocas de resultados que no se condicen con los de otras épocas para el automovilismo internacional argentino, el esfuerzo de Franco Colapinto tiene como objetivo reverdecer esos laureles que supimos conseguir en otros tiempos. Es que mientras el joven pilarense volvió a levantar la esperanza de nuestro país de tener a un compatriota luchando por cosas importantes, bien vale recordar que el poderío albiceleste fue tan fuerte en otras épocas (tanto en cantidad como en calidad de pilotos) que un par de veces, tres hombres de esta Nación lideraron el mismo Gran Premio. Ese inusual suceso se dio justamente en la Argentina, el 16 de enero de 1955, y el 22 de enero de 1956.
La jornada del ‘55 es aún recordada por el agobiante calor que derretía cualquier material y por la desesperación de los competidores ante esta situación, “clamando” por recibir un baldazo de agua en plena carrera para refrescarse a la vieja usanza y no morir en el intento. En la grilla de 21 máquinas listas a completar los exigentes 96 giros del GP inaugural de la temporada, había siete tripuladas por argentinos. El gran José Froilán González había logrado la “pole” con su Ferrari, mientras que el resto del lote de los locales estaba compuesto por Juan Manuel Fangio (Mercedes, 3° en la grilla), Pablo Birger (Gordini, 9°), Carlos Menditeguy (Maserati, 13°), Roberto Mieres (Maserati, 16°), Jesús Iglesias (Gordini, 17°) y Clemar Bucci (Maserati, 20°). Afortunadamente, el reglamento permitía el relevo de pilotos y con ello podía minimizarse el esfuerzo y facilitar la posibilidad de completar el total de vueltas sin quedar al borde del desmayo por la elevadísima temperatura.
En tales circunstancias, Fangio volvió a demostrar su pericia, su impecable estado físico y su ambición victoriosa. Lideró al comienzo y cedió la vanguardia solamente cuando se detuvo a hidratarse, para imponerse al final sin atenuantes y evitando todo tipo de reemplazos en la conducción para no repartir los puntos con otro colega y así acreditarse en soledad las 9 unidades correspondientes al triunfador. Froilán, quien lideró entre las rondas 5ª y 10ª, y posteriormente entre la 22ª y la 25ª, culminó 2° en compañía del italiano Giuseppe Farina y del francés Maurice Trintignant, a un minuto y medio del “Chueco”. Y si bien tanto Fangio como el “Cabezón” nos tenían acostumbrados a pelear por la punta en cada carrera, quien acabó siendo la revelación del GP fue Roberto “Bitito” Mieres, que no solamente llegó 5° -avanzando más de diez posiciones- sino que fue, junto al futuro “Quíntuple”, el otro corredor que terminó la carrera sin ser reemplazado en el total de la exigencia. Pero más allá de eso, el hecho que nos obliga a traer a esta prueba al recuerdo, es que cuando Juan Manuel paró para su último reabastecimiento, “Bitito” saltó a la punta de la carrera y fue quien marcó el camino entre los giros 39 y 42 para sorpresa de todo el autódromo de Buenos Aires.
Al año siguiente, sólo hubo 13 autos en la grilla y apenas tres “criollos”: Fangio, en la “pole” con una Ferrari, y Froilán y “Charlie” Menditeguy, 5° y 6° respectivamente sobre sendas Maserati. Pero hubo un común denominador para la estadística. Fangio (nuevamente ganador) compartió los laureles con Luigi Musso después de capitalizar la rotura de eje de Menditeguy, quien dominó la exigencia durante 39 de las 98 vueltas. Si a ello le sumamos que Froilán punteó al comienzo, se repitió la ecuación y tres argentinos volvieron a liderar un Gran Premio. Algo muy remoto de poder repetirse en estos tiempos y que -de momento- no nos queda otra cosa que recordar, claro que no sin nostalgia.





