Por primera vez desde 2018, Max Verstappen emerge de las tres primeras carreras del torneo sin haberse subido al podio. Languidece en la novena posición del campeonato. Habla sin tapujos sobre la chance de un retiro. El RB22 presenta gruesos dramas de estabilidad y no parece estar clara la dirección hacia la cual salir de ese problema. A Verstappen no se le ven deseos de liderar ese proceso de recuperación. Es el peor momento de Red Bull en años.
Contra la creencia inicial de que la nueva unidad de potencia creada por Red Bull Power Technologies iba a ser el eslabón más débil del conjunto, las certezas ahora apuntan al chasis diseñado por el equipo que comanda el francés Pierre Wache.
Con ese mismo motor, Racing Bulls sumó prácticamente la misma cantidad de puntos (14 contra 16) que los del equipo mayor, de manera que no parece ser un problema de potencia, aunque es cierto que después de la rotura de Isack Hadjar en Melbourne, los impulsores corrieron algo restringidos.
El drama del chasis arrancó mucho antes del inicio del certamen. Un túnel de viento obsoleto, que ya acusó sus falencias con los problemas de correlación de los dos coches anteriores; y la escasez de recursos asignada al programa 2026 en la segunda parte del año pasado, cuando el equipo se esforzó por darle caza a McLaren y Verstappen perdió el título por apenas dos puntos, consumiendo buena cantidad de esos recursos.
Lo reconoció el propio Team Principal, Laurent Mekies: «El tiempo y la energía que invertimos en la reacción final del último año tuvo un impacto indudable en cómo empezamos el 2026. Pero no tiene que ser una excusa».
Esa base negativa derivó en este chasis RB22 que carece de suficiente carga aerodinámica y que resulta impredecible para sus pilotos. Las mejoras que RedBull llevó a Japón para curar algo de esa inestabilidad no dieron los resultados esperados, y Verstappen se pasó toda la carrera persiguiendo al Alpine de Pierre Gasly sin poder superarlo. Los Cuatro Grandes, por ahora, pasaron a ser tres…
El déficit con la vanguardia se calcula en un segundo; de esa diferencia, dos décimas se le atribuyen vagamente al motor y ocho al chasis. Algunas mediciones filtradas en Japón indican que el RB22 tiene entre 9 y 10 kilos de sobrepeso, por encima de los 768 mínimos.
La salida del diseñador jefe Craig Skinner, poco después del inicio del campeonato, ¿habrá estado relacionada con eso?
Versiones surgidas en Italia indican que ese sobrepeso está vinculado con un fatal problema de diseño. Como la distribución de pesos es fijada por el reglamento, 45 por ciento adelante, 55 por ciento atrás, y no una prerrogativa de los diseñadores, el equipo de Wache habría tenido que agregar peso para alcanzar ese balance 45/55. Para adelgazar el chasis es preciso quitar peso de manera proporcional, sin alterar esa proporción.
Eso podría lograrse a mediano plazo: se calcula que podrían reducir 5 kilos para el GP inglés en Silverstone. Pero eso no solucionaría el otro gran problema del coche, la escasez de carga aerodinámica. El RB22 posee una molesta ida de trompa que mortifica esencialmente a Verstappen. Si el túnel de viento continúa siendo un déficit, entonces esa búsqueda podría resultar relativamente tibia. Para Miami se espera un gran paquete de actualizaciones.
Lo concreto es que, en estas circunstancias, Verstappen podría liberarse a fin de año de su contrato, que se extiende hasta fines de 2028. Puede tomar el camino del retiro de la F-1, como amenaza, o elegir alguna alternativa más competitiva dentro de la categoría. Atención: el contrato de George Russell con Mercedes vence el venidero 31 de diciembre…





