Promedios, diferencias y algo más…

Decir Monza es decir velocidad y carreras inolvidables. Y cada vez que surge la final de “foto finish” de 1971 entre cinco contendientes, aparecen nuevos y sorprendentes datos si es que se bucea en los pormenores. Un promedio que pone los pelos de punta y los pocos giros que su vencedor disfrutó en la punta en toda su campaña son algunos de ellos.

Por sus altos promedios y su dificultad para “domesticarlo”, el trazado de Monza ha sido llamado el “templo” de la velocidad en lo que a Fórmula 1 y se refiere. Y no es un apodo caprichoso. El tradicional circuito italiano, convertido desde el arranque del Mundial en sede del GP de su nación, ha entregado carreras épicas que más de una vez llevaron al paroxismo a la siempre apasionada legión de “tifosi”. En una nota anterior recordábamos la competencia de 1965 realizada allí, que fue la que tuvo la mayor cantidad de sobrepasos (40) en la punta de todos los tiempos. Pero el mítico asfalto peninsular guarda más jornadas inolvidables como la vuelta clasificatoria de Max Verstappen de 2025, que rompió los cronómetros de la historia, al obtener un promedio de 264,682 km/h, o la más reciente prueba de esta temporada, en la que el Mercedes de Kimi Antonelli se impuso partiendo desde el 19° lugar, hazaña nunca antes lograda por nadie en este autódromo.

Pero hablar de días memorables de Monza siempre nos llevará a recordar el Gran Premio de 1971, cuando las cinco primeras máquinas llegaron encerradas en apenas 61/100, según los registros de la época. Ese 5 de septiembre, Peter Gethin (BRM) se impuso por única vez en su campaña con una centésima de diferencia sobre el March de Peterson y en un abrir y cerrar de ojos, también cruzaron la línea -del tercero al quinto- Francois Cevert (Tyrrell), Mike Hailwood (Surtees) y Howden Ganley, con otro BRM, como quedó dicho, a 61 centésimas de su compañero. Pero lo que a simple vista aparece solamente como un puñado de cifras estadísticas del final más apretado en el largo peregrinar de la F1, también vuelve a hablarnos de lo que significa la velocidad en Monza. Es que Gethin, en una cifra espeluznante para mediados de los ’60, se impuso ese día a 242,616 km/h al cabo de 55 frenéticas vueltas. Algo muy asombroso y genial, pero lo que refuerza lo increíble de ese promedio es que en todo momento la lucha por la vanguardia fue encarnizada y jamás estuvo exenta de autos a la par o de máquinas estirando las frenadas para ganar una posición. Y que, dentro de ese panorama, para hacer todo más fabuloso, Gethin había partido desde el undécimo lugar, con una vuelta de clasificación que le reportó un promedio de 246,781 km/h, no mucho más que la media definitiva empleada después de 1 hora y 18 minutos de carrera, en la que tuvo que recuperar diez posiciones con permanentes defensas y ataques sobre sus oponentes.

Sin tener el número de cambios en la punta que tuvo la exigencia del ’65, la que aquí nos ocupa fue una competencia con tantos punteros (ocho) que vale la pena recordarlos: para entusiasmo de los locales, al principio dominó la Ferrari de Clay Regazzoni y posteriormente lo hicieron Peterson, Jackie Stewart (Tyrrell, por sólo un giro), Cevert, Hailwood, Jo Siffert (BRM), Chris Amon (Matra) y en definitiva Gethin, quien después de liderar en los giros 52 y 53, perdió la punta en la anteúltima vuelta a manos de Peterson, pero la recuperó en el epílogo, para imponerse ante la incredulidad de la multitud. Aquella gesta, para el piloto británico, no sólo resultó su única victoria mundialista, sino que además esas vueltas adelante del resto también fueron -insólitamente- las únicas en esa condición que registró en toda su campaña en la máxima categoría.

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