“Lole” y Spa, por caminos bifurcados

Quiso el caprichoso destino que Carlos Alberto Reutemann nunca pudiera demostrar su valía en un circuito que a priori se hubiera ajustado a su calidad técnica y virtud de obstinado perfeccionista. Es que Spa Francorchamps fue sede del GP belga antes y después de la campaña del argentino, pero jamás en ese puñado de años que tuvieron activo a nuestro representante en la “máxima”.

A lo largo de los años, pilotos de primer nivel y circuitos emblemáticos han sido reiteradamente enlazados por la gloria en la memoria colectiva: Juan Manuel Fangio en Nurburgring, Ayrton Senna en Montecarlo, Lewis Hamilton en “su” Silverstone… y así varios. También hubo historias de frustraciones y penurias de otros tantos competidores en otros varios autódromos del planeta. De algún modo, los apellidos más célebres y los lugares más famosos que han mantenido su fecha en el Mundial han sabido combinarse para generar un debate, un recuerdo, un resultado impensado. Pero no todos: quiso el destino que uno de los corredores emblemáticos para la Argentina, y un trazado que genera asombro y majestuosidad -a pesar de haber sido contemporáneos durante un buen tiempo- nunca cruzaron sus caminos.

Parece mentira, pero el certamen más importante del planeta no registra actuaciones de Carlos Alberto Reutemann en el escenario belga de Spa Francorchamps. Lo que muchos hubiéramos querido ver nunca pudo corporizarse debido a una llamativa alternancia en la sede del Gran Premio de Bélgica justo cuando “Lole” desarrolló su campaña en la F1. El circuito de las Ardenas, célebre por su peligrosidad y amplia extensión fue parte del calendario desde su arranque, allá por 1950. De hecho, Fangio ganó tres veces allí en sus seis participaciones y se convirtió en un especialista del lugar. Lo concreto es que, después de 18 carreras con puntaje para el torneo, Spa dejó de visitarse en 1970 con una notable victoria de Jackie Stewart el 7 de junio de ese año.

En 1972, Reutemann debutó en la F1, justo cuando se estrenó el trazado de Nivelles, en el que con su Brabham concluyó 13° en su primera actuación en Bélgica. En 1973 le tocó presentarse en Zolder (“Lole” abandonó) y se retornó a Nivelles en el ’74, cuando el santafesino volvió a desertar. A partir de entonces, Zolder se convirtió en el autódromo “fijo” para el GP belga entre 1975 y 1982. Y a decir verdad, Carlos guardó siempre buenos recuerdos de él: subió al podio en ese ’75 (tercero con Brabham) y volvió a hacerlo en 1978, también en el tercer escalón, aunque ahora con Ferrari. Posteriormente (cómo olvidarlo…) se consumó en Zolder el último triunfo de un “criollo” en la categoría reina cuando Reutemann -que lideraba el campeonato- no sólo venció y se afirmó al frente de las posiciones, sino que lo hizo después de lograr la “pole position” y quedándose a posteriori con el giro más rápido de la competencia.

Tempranamente retirado a comienzos de 1982, “Lole” no llegó a cumplir el compromiso de ese año en Bélgica, que por otra parte será siempre recordado por la trágica muerte de Gilles Villeneuve durante los ensayos. Se produjo entonces, a partir del ’83, la vuelta (esperada por muchos tradicionalistas) a Spa Francorchamps, que desde esa temporada y hasta nuestros días, alberga al GP de la nación europea. Toda esta combinación de circunstancias hizo que nuestro “Lole” Reutemann jamás pudiese desarrollar su calidad conductiva en un dibujo en el que seguramente, muchos lo hubiéramos disfrutado, sobre todo por su coraje y su pericia para “encontrarle la vuelta” a este tipo de duras exigencias, tal como lo demostró en Brands Hatch, en Nurburgring o en Montecarlo a su debido momento. La historia, impiadosa e indiscutible, dirá que Carlos nunca corrió en Spa Francorchamps, pero… ¡qué lindo hubiese sido verlo!

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