Desde que el mundo es mundo y existen las carreras internacionales de automóviles, los himnos de cada Nación han tenido una especial preponderancia en los Grandes Premios. La canción representativa del país anfitrión antes de la largada, y las del origen del competidor y de la marca triunfadora en el podio, le dan forma hasta nuestros tiempos a un reconocimiento especial que suele generar orgullo y tocar las fibras más íntimas de los involucrados y de los hinchas que siguen las pruebas por TV. Todo, en un marco de absoluto orden, lejos de una histórica desprolijidad como en la que involuntariamente se encontró Juan Manuel Fangio, recién llegado a Europa. El argentino ganó en abril de 1949 (antes de la creación del Mundial) en el circuito de Ospedaletti, San Remo, con una Maserati 4CLT y como nadie esperaba su éxito, el himno argentino brilló por su ausencia a la hora de la celebración. Curiosamente, lo más cercano que consiguió la organización (con lo que tampoco salvó el papelón) fue una precaria grabación del tango “La Cumparsita”, del autor uruguayo Gerardo Mattos Rodríguez. Algún tiempo después, con la victoria de Pedro Rodríguez en Sudáfrica ’67, tampoco tenían el disco con el himno mexicano y por ello sonó “Jarabe Tapatío”, una clásica canción que se utiliza en fiestas y celebraciones de la tierra azteca.
Hasta hoy, entre los éxitos de los competidores del Reino Unido y las victorias de las respectivas marcas, el himno británico sonó más de 800 veces en las gradas de premiación y es el más escuchado de la historia en tal circunstancia, seguido por el italiano, el alemán, el francés y el brasileño, en ese orden. Pero no es sólo el emblema nacional lo que le da sonido a la F1. La categoría, como entidad, también supo “adornar” sus presencias por el mundo con un tema emblemático. Durante un buen tiempo, por una fuerte injerencia de las transmisiones de la BBC londinense, la composición “The Chain”, de la banda Fleetwood Mac, fue una melodía muy amalgamada con las imágenes de la “máxima”.
A partir de 2018, un año después de que Liberty Media se hiciera del poder total de la categoría, ésta tuvo su propio himno, que no es otro que el que se escucha en la presentación televisiva y en el posterior podio de cada GP a la hora de descorchar el champagne. El tema en cuestión, llamado simplemente “F1 Theme”, es obra del compositor y director de orquesta estadounidense Brian Tyler, un hombre ligado a la industria del cine hollywoodense y creador de numerosas bandas sonoras como la de la saga “Rápido y furioso” o “Iron Man 3”. Con ello, Liberty redondeó la nueva “personalidad” de la F1 a través de una composición que hoy el mundo reconoce al primer “golpe de oído”, sin importar si la misma suena en un autódromo o en un ámbito alejado al del mundo de la categoría.





