FANGIO Y FERRARI: SETENTA AÑOS DE UNA RELACIÓN DIFÍCIL

Dos célebres apellidos de la Fórmula 1 y una sociedad poco funcional, desarrollada en un año terrible y que dejó cicatrices que tardaron en sanar, de la cual se cumple un aniversario.

Juan Manuel Fangio fue el mejor piloto de la historia del Mundial de Fórmula 1; Ferrari, la marca más longeva y popular en el mismo período. La sociedad entre ambos generó éxito, pero fue tormentosa y efímera: duró apenas un año, en 1956, siete décadas atrás. Se cumplió otro aniversario redondo del nacimiento de una relación estresada.

Debutó con dos triunfos en el verano de 1956, setenta años atrás: el Grand Prix de la Argentina, el 22 de enero, y el GP de Buenos Aires (disputado en el viejo circuito del Parque General San Martín de Mendoza, dónde hoy se emplaza el estadio Malvinas Argentinas), el 5 de febrero. En ambas carreras, Fangio llevó al triunfo un Lancia D50, las máquinas que Gianni Lancia había donado, desencantado con la muerte de Alberto Ascari. Enzo Ferrari las hizo correr para su escudería.

La relación arrancó mal. El Commendatore acostumbraba a manejar a los pilotos a su antojo, y su asociación con Ascari había sido mucho más dócil y bastante menos onerosa. Por eso resintió que Fangio se valiera de un manager, el italiano Marcello Giambertone, para llevar las negociaciones.

Por el otro lado, el argentino desconfió de la capacidad técnica del equipo, toda vez que los coches se rompían a menudo: en Buenos Aires solo pudo ganar después de tomar el coche asignado a Luigi Musso, y en Spa-Francorchamps (Bélgica), en cambio, no hubo quien le cediera el coche, tras su abandono en la vuelta 24.

Que Fangio dudara de la calidad y amagara con dejar el equipo tras otra rotura en Reims (Francia) fue visto por Ferrari casi como una declaración de guerra. La vida tampoco ayudaba al industrial: 1956 fue el año de la agonía y muerte de Alfredo “Dino” Ferrari, el único que tuvo con su mujer Laura Garello. Dino murió el día anterior al GP francés, cuando Fangio quemó las naves.  Le ofrecieron un mecánico exclusivo para que se quedara, y entonces la situación del balcarceño mejoró. Ganó en Silverstone (Inglaterra), postergando sucesivamente a los cinco ingleses (Mike Hawthorn, Tony Brooks, Stirling Moss, Roy Salvadori, y su compañero Peter Collins) que marchaban adelante suyo, y también en Nurburgring (Alemania).

Pero su auto se rompió en Monza (Italia) y solo la generosidad de Collins, que le cedió su auto, le permitió al balcarceño conquistar su cuarto título mundial. Para entonces, la sociedad ya no tenía remedio.

Fangio se cambió a Maserati, la otra escuadra de Modena, lo cual acentuó la hostilidad de Ferrari. Y en 1957 lo batió una vez más, ganando su quinto título. Recién volvió a dialogar con el constructor italiano –que apreciaba mucho más a José Froilán González por razones obvias- una década después.

Las sociedades con Niki Lauda y, especialmente, con Michael Schumacher fueron más prolongadas y triunfales, por lo cual ocupan un sitio mucho más elevado en el panteón ferrarista. La establecida con el piloto de Balcarce nunca tuvo chances de prosperar.

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