Cambió mucho, muchísimo la Fórmula 1 en sus 75 años. Y tanto cambió, no sólo en la parte humana y técnica, sino también en ciertas acciones que hace años eran normales, actualmente resultan inimaginables y hasta increíbles para las nuevas generaciones que se acercan a la Máxima, muchos sin conocer parte de su historia.
¿Pueden imaginar esos jóvenes que hubo un tiempo que la Fórmula 1 arrancó su campeonato un ¡1 de enero! ? Si, el primer día del año y sin que se hubiesen acallado los festejos por la llegada del nuevo año. Y no lo hizo una vez, sino en dos oportunidades, en 1965 y 1968. Algo inconcebible en estos tiempos, por encima que los actuales calendarios dupliquen largamente la cantidad de fechas de aquellos de los 60, que no sólo tenían menos competencias puntuables, sino que estaban mucho menos compactadas.
Ambas carreras fueron en Sudáfrica, un país acostumbrado a recibir su Gran Premio en estas fechas especiales. En 1962 lo hizo el 29 de diciembre, con la coronación de Graham Hill por sobre Jim Clark. Un año más tarde, un día antes, el 28 de diciembre, el escocés tuvo su desquite y se calzó su primera corona. No eran caprichosas esas fechas. Coincidían con el Gran Premio de Rand, otra cita sudafricana, pero sin puntaje, que se realizaba en esa época sin actividad europea y como paso previo a la gira por Oceanía, con la recordada Copa Tasmania en Australia y Nueva Zelanda.
Ambas carreras en el primer día del nuevo año tuvieron un mismo ganador: Jim Clark. Una consecuencia de quien fue el gran referente de esa dorada década de la Fórmula 1. En la primera carrera, sobre el Lotus 33-Climax, dominó de punta a punta, mientras que en 1968, con su Lotus 49 Cosworth, Jim sólo resignó el liderazgo en la vuelta inicial ante el Matra M59 de su por entonces ascendente compatriota Jackie Stewart. El posterior abandono de Stewart favoreció el segundo puesto de Graham Hill, con otro Lotus 49, y le dio forma al 1-2 del equipo de Colin Chapman.
Distintos significados a futuro tuvieron esas victorias de Clark en Sudáfrica. La de 1965 marcó el inicio de la serie de 6 triunfos consecutivos que anticipadamente le dieron su segundo título mundial. La del 68 le permitió, con 25 victorias, superar el récord de Juan Manuel Fangio y constituyó el prometedor comienzo de un campeonato que pintaba para un nuevo título. No hubo más nada. Ni más títulos, ni más triunfos, ni más carreras mundialistas. Aquel Gran Premio de Sudáfrica del 1 de enero de hace 58 años fue el último de Clark en el Campeonato Mundial. Noventa y siete días más tarde, la muerte le tendió su trampa en Hockenheim, en una carrera de Fórmula 2.
Paradójicamente, Clark había celebrado la llegada de 1968 en las habituales reuniones con las que el ambiente de la Fórmula 1 festejaba las Fiestas de Fin de Año en medio de sus obligaciones deportivas. Disfrutó con alegría, como también entre otros lo hicieron sus colegas Mike Spence y Ludovico Scarfiotti, otros dos mártires de aquel terrible 1968. Un tiempo de una Fórmula 1 más peligrosa, pero por eso mismo más humana, donde los rivales de unas horas antes y unas horas después se sentaban alrededor de una misma mesa para recibir al Nuevo Año, porque sabían, como ocurrió con Clark, Spence y Scarfiotti, que podía ser el último





