Alguna vez, el japonés Yuji Ide (un piloto de esporádico paso por la Fórmula 1, allá por 2006) fue muy criticado porque, después de haber quedado cruzado con su Super Aguri en la pista de Bahrein durante un ensayo, no sacó la máquina del lugar por desconocer que los coches de la máxima categoría tenían marcha atrás. Tal situación, extremista claro está, nos recuerda que no siempre el conductor de turno tiene pleno control sobre el “arma” que maneja en pos de buscar la gloria deportiva. Esto viene a colación al accidente mortal que sufriera en 1957 el italiano Eugenio Castellotti, cuando perdió la vida mientras probaba el modelo 801 de Ferrari. Aquella vez, el joven de 26 años (la mayor promesa de su país tras la desaparición de Alberto Ascari) tomó a excesiva velocidad una curva en el aeródromo de Módena y tuvo un aparatoso accidente cuyas causas jamás fueron debidamente aclaradas.
Sin embargo, teniendo en cuenta que Castellotti encaró a 120 kilómetros por hora un viraje que se tomaba habitualmente a no más de 90, mucho se habló de un problema en los frenos o del acelerador trabado. ¿Podía haber sufrido algún otro problema acaso un competidor de semejante talento? Quizá sí. Al menos nadie lo imaginó hasta que se pronunció Juan Manuel Fangio, alguien que sabía ver siempre más lejos que el resto y que conocía como pocos al italiano. En aquella oportunidad, el “Chueco” expresó: “Es muy probable que Castellotti haya pisado el acelerador y el freno al mismo tiempo. En algunos autos de Grand Prix, el acelerador era el pedal del centro, con el freno a la derecha. Los pilotos que alternaban autos de sport y de turismo con los de F1, cometían a veces el error de pisar el pedal equivocado”. Y aunque para Enzo Ferrari, su piloto estaba desconcentrado debido a que a su espíritu lo atormentaba una cuestión sentimental, lo dicho por Fangio quedó dando vueltas en el aire. Tal vez, uno no siempre está plenamente seguro de lo que tiene entre manos.
Justamente, la teoría del balcarceño se reforzó muchos años después, cuando la tecnología ya había englobado al mundo de la competición. Se realizaba la clasificación para el GP de la República Argentina, cuando la F1 volvía a nuestro país en 1995 después de casi tres lustros. También sobre una Ferrari, aunque ahora 412T2, el austriaco Gerhard Berger sufrió un fuerte despiste y golpeó contra una de las paredes del autódromo de Buenos Aires. Como esta vez el protagonista pudo contarlo, reafirmó la idea sobre la que se basa esta nota. “Me olvidé que ahora el embrague está en el volante y por eso busqué instintivamente el pedal en el piso. Hundí el pie, pero obviamente no encontré nada. Y después no tuve tiempo de volver a reaccionar”, explicó quien luego sería Director Deportivo de Toro Rosso. Como se ve, a veces el automóvil de competición guarda sorpresas para su conductor que nada tienen que ver con un desgaste prematuro de las gomas o la rotura de algún elemento del motor…





