Los campeonatos de Fórmula 1 que presenciamos por estos tiempos poseen muchas carreras pero que tratan de ser comprimidas en la menor cantidad posible de fines de semana. Son certámenes que hace ya varios años arrancan en marzo y terminan generalmente en los primeros días de diciembre, con lo que se busca (días más, días menos) un receso de tres meses. Ahora bien, con este panorama todos suponemos -y con razón- que en plena época invernal de este lado del mundo, el torneo está en plena ebullición. Y que una vez pasada la Navidad, toda la actividad ya se detuvo y las escuadras están enfocadas en el siguiente ejercicio. No obstante, alguna vez un monarca supo consagrarse en medio de las Fiestas de fin de año y posteriormente, hubo otro que logró sus laureles anuales apenas entrada la segunda quincena de julio. El más tardío y el más tempranero de la historia si nos guiamos por nuestro calendario gregoriano. Así fueron sus coronaciones.
Quizás, 1962 será recordado como el año en el que comenzó uno de los duelos personales más fabulosos de la Fórmula 1, el que por algunas temporadas protagonizaron el inglés Graham Hill y el escocés Jim Clark. Con BRM el primero y con Lotus su gran rival, ambos se batieron a lo largo de nueve jornadas para definir al rey anual de aquel ‘62. Tan parejos estaban en sus “mano a mano” que al arribar a la última fecha, habían ganado tres carreras cada uno y si bien Hill tenía 39 unidades y Clark 30 -el vencedor recibía nueve puntos-, el líder del campeonato era consciente de que al haber un sistema de descarte, porque sólo contaban los cinco mejores resultados, no había otra posibilidad que salir a buscar el éxito para estar tranquilo. La misma idea, aunque llegó mucho más necesitado, tenía Clark, quien bajo la lluvia se escapó en la prueba decisiva (Sudáfrica), hasta que una pérdida de aceite le dejó servido el triunfo y el festejo al gran Hill. Si hubo varios torneos definidos en la fecha final, ¿por qué hacemos hincapié en este en particular? Pues porque esa fecha en East London se disputó un 29 de diciembre, marcando el hito del Mundial definido más tardíamente en la historia.
En 2002, es decir cuatro décadas después, ni el reparto de puntos era el mismo ni el número de carreras puntuables guardaba relación con aquella temporada. Ahora se le otorgaba una unidad más al triunfador (10), pero no había sistema de descarte en un calendario mucho más amplio que constaba de 17 Grandes Premios. Y el alemán Michael Schumacher (ya cuádruple campeón de la máxima categoría) dominó de tal forma ese torneo, que tras la undécima fecha, el GP de Francia, disputado el 21 de julio, logró la coronación anual al totalizar hasta ese momento 96 puntos contra 34 de su más inmediato perseguidor (Juan Pablo Montoya), quien ya no podía darle alcance pese a la media docena de carreras que aún faltaban disputase. Para entonces, “Schumi” tenía en su cuenta personal ocho victorias, dos segundos puestos y un tercero. Es decir, nunca se había “bajado” del podio, ni lo haría en las seis competencias restantes, llegando a obtener un total de 144 puntos y una ventaja final de 67 sobre su coequipier Rubens Barrichello, el subcampeón.





