ALONSO, COMO HAMLET: SEGUIR O NO SEGUIR, ESA ES LA CUESTIÓN

La esperanza de un último triunfo parece haberse diluido en la pobre performance inicial de su Aston Martin-Honda. Cumplirá 45 en julio y necesita motivaciones para continuar.

El niño de Melisa, su primer hijo, nacerá en marzo. No tiene forma de saberlo, y no lo sabrá tampoco hasta pasados algunos años, pero no tendrá necesidad de trabajar a lo largo de toda su vida. Porque su padre, Fernando, amasó una fortuna superior a los 400 millones de euros que, desde hace años, le permite hacer exactamente lo que se le ocurra con su vida. Esa posibilidad, hoy, se abre en duda como una flor.

¿Seguir o no seguir? Esa es la cuestión. Fernando cumplirá 45 años en julio. No es la edad una limitante: Fangio fue campeón a los 46, habiendo batido rivales 20 años más jóvenes. Y esta F-1, tan segura, permite estirar las campañas hasta lo inimaginable.

Si quisiera, podría alcanzar los 500 Grands Prix: ya tiene 425 y, con tres temporadas más, lo que implicaría correr hasta cerca de los 48, conseguiría un récord de verdad imbatible.

Pero si esta F-1 es segura, no es confortable, no. Fernando lo sabe más que nadie. En la segunda parte de su campaña, cuando buscaba el tercer título que lo emparejara con Ayrton Senna, su real objetivo, ha tenido que sufrir mucho con coches malos: la F14T de Maranello, los McLaren Honda de 2016/2017, los Aston Martin AMR24 y AMR25. Ha tragado mucho aceite Fernando en procura de un último acto redentor.Muchos creen (o creyeron) que resistió tanto a la espera de un auto capaz de ganar ese tercer título mundial. No formamos parte de esa legión, persuadidos de que el objetivo oculto, pero real era la 33, como la patentizaron los forofos españoles, la victoria número 33 en la F-1 que siguiera a aquella lejanísima 32, conseguida en Valencia en 2013.

Este Fernando de buena cepa, porque, como el vino, ha mejorado notablemente con los años, solo quería, da la sensación, ganar una vez más para aflojarse definitivamente e irse a lo grande. A la Sonny Hayes, el personaje de Brad Pitt en la película que pretende el Oscar.

«Me da igual», respondió, preguntado sobre su mediocre posición de largada en Mónaco 2025, «siempre que pueda ganar el GP de Australia de 2026». Ya no podrá; peor aún, es muy probable que termine último antes que primero. Entonces, ¿seguir o no seguir?

En 2023, su primer año con Aston Martin, subió siete veces al podio. Supo que Honda volvería a empujarlo. Al año siguiente, en 2024, supo que Adrian Newey le haría el coche. En 2025 estuvo en la inauguración de la nueva base y del flamante túnel de viento. Y ahora, diez días antes del primer Grand Prix, esas esperanzas alimentadas a lo largo de meses, se han visto destrozadas.¿Seguir o no seguir? ¿Se puede componer? Por ahora, el problema es el motor. Según infidencias atribuidas a Newey, el Honda no llega a cargar siquiera 250 KW de los 350 KW permitidos en el reparto 50/50 de la potencia. Esa unidad de potencia hay que homologarla el 1° de marzo, el venidero domingo, y dejarla así medio campeonato. Cuando ,o si, resuelvan el problema acuciante, aparecerán los del chasis. Por empezar, la caja de velocidades, que ya mostró debilidad. Salvo que ocurra algo dramático, Aston Martin no ganará un solo Grand Prix en 2026.

Lo que realmente roba las energías no es haberse vuelto un inquilino del pelotón medio, no, sino los viajes. Rodar por el mundo a lo largo de ciento de miles de kilómetros para cumplir con un calendario extenso y desgastante. Seguir el circo parece muy excitante hasta que se empieza a hacerlo y hay que continuar. Solo motivaciones muy íntimas o muy fuertes sostienen la voluntad.

En ese punto está Fernando Alonso hoy.

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