Desde que la velocidad y la competencia existen, el hombre ha luchado contra el tiempo antes que contra sus oponentes. Vencer al reloj es la premisa básica de todo conductor de coches de competición. En el caso de la Fórmula 1, esas peleas comenzaron con una precisión máxima de un quinto o, con mayor fortuna, de una décima de segundo. La evolución posterior logró que entre finales de los ’60 y comienzos de los ’70, con el arribo de mejor instrumental, cada vuelta se estableciera con una exactitud de centésimas de segundo. Era, de algún modo, hacer justicia ante autos que empataban su tiempo bajo la anterior condición. A principios de los ’80 llegaron a la tecnología de la Fórmula 1 sensores de mayor precisión aún, y entonces, las milésimas de segundo pasaron a ser la medida reinante. Pero aún así, a veces no alcanza para evitar igualdades que en tal caso, para las clasificaciones y posterior posición en la grilla, se determinan dándole la prioridad a quien primero marcó ese tiempo.
En la memoria colectiva de muchos hinchas todavía está latente el más que inusual triple empate en la clasificación para el Gran Premio de Europa de 1997, escala final de aquella temporada, realizada en Jerez, España. El sábado, la lucha por la “pole” fue intensa desde el vamos y al final, Jacques Villeneuve (Williams), Michael Schumacher (Ferrari) y Heinz-Harald Frentzen (Williams) igualaron el mejor registro del día en 1m21s072/1000. La expectación entonces fue mayúscula, pero más que por el hecho en sí lo fue porque Villeneuve y “Schumi” llegaron a ese compromiso a definir el título, con el alemán un punto por encima del canadiense. Sin embargo, sería el hijo de Gilles, gracias al tercer puesto del día siguiente (detrás de los McLaren de Mika Hakkinen y de David Coulthard), quien se quedaría con la corona.
Claro que lo más hilarante, se dio el 17 de julio de 1954, cuando nada era tan exacto como en nuestros días y recién se había pasado de los quintos a las décimas de segundo en la precisión de la mayoría de los cronómetros. Tras el Gran Premio de Gran Bretaña, en Silverstone -que entonces se disputaba los sábados- ganado magistralmente por el arrecifeño José Froilán González (Ferrari), se constató que habían sido nada menos que siete las máquinas que empataron el mejor tiempo de vuelta. Mike Hawthorn (Ferrari), Stirling Moss (Maserati), Alberto Ascari (Maserati), Jean Behra (Gordini) y los argentinos Juan Manuel Fangio (Mercedes), Onofre Marimón (Maserati) y el propio Froilán dieron el giro más veloz de la carrera en 1m50s0/10. Por las normas reglamentarias de la época, se le entregaba una unidad al dueño de la mejor vuelta en cada GP. Pero para el caso, ese premio debió distribuirse y entonces se le otorgó la pobre sumatoria de 0,14 punto a cada uno de ellos. Situaciones que se daban cuando la mayor precisión posible la otorgaba alguien de la organización, pulsando manualmente el cronómetro más avanzado de aquellos días…





