El despido del team principal de Red Bull, Christian Horner, en 2024 hizo explotar las compuertas de un dique a punto de rebosar en el especial mundo de Red Bull.
Después de casi una década de ascenso y dominio, con 4 campeonatos ganados con Max Verstappen y Honda, a los nuevos administradores del equipo todo les parecía insuficiente, desagradable y hasta caro. Horner había juntado mucho poder y su sistema de gestión no era apreciado; no había «rapport» con el director de eventos y actividades promocionales de la gran compañía austriaca de bebidas energizantes, Oliver Mintzlaff.
Tras Horner se fue el director deportivo, verdadero jefe de operaciones, Jonathan Wheatley; y, poco después, en 2025, Adrian Newey, el diseñador o supervisor de los proyectos de todos los coches campeones del equipo.
Coincidiendo con la pérdida de rendimiento que muestra el RB22 de este año y con una crisis de desorientación técnica en torno al coche diseñado por el actual director técnico, Pierre Waché, se va a McLaren a finales de 2027 el ingeniero de pista que asistió al campeón Verstappen desde 2026, Giampiero Lambiase.
La decadencia parece imparable. El equipo que ganó 6 títulos de constructores está sexto en las posiciones en lo que va de temporada, y con solo 16 puntos, muy magra cosecha para sus antecedentes. Pero eso no es lo peor, sino que el futuro parece aún más sombrío. El problema no está realmente en el nuevo motor diseñado y fabricado «en casa» por Red Bull Powertrains, en colaboración con Ford, sino en el chasis.
Max declaraba la semana pasada a periodistas de su país: «Hay varios elementos en el coche que no funcionan como deberían, simplemente no responden (a la lógica)».
El año pasado el RB21 era muy difícil de conducir pero rápido. Pero el RB22, según el piloto holandés, «es difícil de manejar y lento». Según Max y su compañero Isack Hadjar, no hay correlación entre los datos que se obtienen de las simulaciones y el túnel de viento y lo que se ve en pista.
El año pasado, el RB21 solía estar en crisis el viernes, pero para el sábado se realizaban ajustes y Max pasaba a ser candidato a las victorias. Con este RB22 no hay experiencia, sabiduría ni ajuste que valga. Esto se vio con claridad en Suzuka, la última carrera realizada antes del próximo G.P. de Miami, donde Verstappen fue incapaz de adelantarse al Alpine de Pierre Gasly y, tras tres carreras, el Red Bull pasaba a ser un coche del pelotón medio. Antes estaba, sin discusiones, como mínimo entre los mejores cuatro y muchas veces dominante.
Al no poder confiar en los datos de túnel, CFD y simulaciones, cualquier posibilidad de progreso depende de las pruebas, insuficientes, en pista. Se le echa la culpa al túnel de viento, algo vetusto en Milton Keynes, pero tampoco se está seguro de ello.
Laurent Mekies, el actual team principal, reconoce que la decisión de desarrollar el RB21 hasta finales de 2025 retrasó el proyecto del RB22; pero, aun así, también hicieron algo parecido McLaren y Ferrari… Mekies confía en que la FIA admita que se pueda modificar el nuevo motor a partir de las carreras de junio o antes. Según Verstappen, el motor es aceptable, aunque hay algunos problemas, no profundos, en la gestión de la entrega de energía.
Nada permite vaticinar que Red Bull evitará la decadencia, de momento, aunque el mes de receso antes de Miami podría permitir un milagro.
Es curioso, pero todos los equipos campeones con Adrian Newey, Williams, McLaren y ahora Red Bull, cayeron estrepitosamente cuando él los dejó. Y peor aún: aquellos ingenieros que fueron su mano derecha y que supuestamente conocerán todos sus «secretos» jamás rindieron a un nivel ni siquiera parecido. ¡Adrian, vuelve!





