La muerte de Anthoine Hubert en el circuito de Spa-Francorchamps, en 2019, fue un suceso devastador para el automovilismo, de igual manera lo fue para Pierre Gasly. Más allá del deporte, la tragedia golpeó a una amistad que se formó en la adolescencia, cuando ambos compartían rutinas y el deseo por llegar a la Fórmula 1.
«Éramos compañeros de habitación y de clase. Desayunábamos juntos, íbamos juntos a clase, comíamos juntos y entrenábamos juntos. Si yo hacía 13 flexiones, él hacía 14. Y entonces yo me esforzaba más y hacía 15. Nos exigíamos mucho el uno al otro para sacar el máximo potencial del otro», describe Gasly la amistad entre ambos que los llevaba a mejorar constantemente.
En el Gran Premio de Bélgica, mientras Gasly se preparaba para disputar su primera carrera tras su regreso a Toro Rosso, Hubert sufrió un accidente fatal en la carrera principal de Fórmula 2. Todos estaban presentes en el momento del incidente: el autódromo, que minutos antes estaba colmado de aficionados exaltados, se hundió de repente en un silencio ensordecedor.
«Siempre intentaba ver las carreras de F2», cuenta Pierre. «Vi el accidente, la bandera roja. Al principio no sabía quién estaba involucrado, pero tenía muy mala pinta. Entonces mi director de equipo me dijo que Anthoine había sido el afectado. Al bajar las escaleras, vi a lo lejos a mis padres, completamente destrozados y llorando. Por desgracia, comprendí inmediatamente lo que había pasado».
El impacto emocional fue devastador: «Es solo dolor. Era solo cuestión de tiempo que Anthoine llegara a la Fórmula 1. Parecía ser su destino. Dos años antes ya había perdido a un amigo de mi país. Y dos años después me pasó con Anthoine, con quien tenía una relación muy estrecha».
Todo ocurrió en un contexto deportivo difícil para Gasly, acababa de ser descendido de Red Bull a Toro Rosso. «Dieciocho horas después tienes que correr un Gran Premio. Lo único que la gente me preguntaba durante todo el fin de semana era lo mal que me sentía por el descenso. Y sólo pensas: mira el panorama general, hay cosas más importantes en la vida que eso», recuerda.
Con el paso del tiempo, el piloto francés admite que el proceso de aceptación fue largo y doloroso. «Sinceramente, todavía no lo puedo creer. Es extremadamente difícil lidiar con estas emociones. Creo que me llevó años asimilar realmente lo que pasó y aceptar la vida tal y como es. En el colegio, tus padres y profesores te enseñan muchas cosas, pero nadie te enseña cómo lidiar contigo mismo en una situación así».





