Momentos de entusiasmo y esperanza viven los italianos al compás de las victorias de Kimi Antonelli y su liderazgo en el Campeonato Mundial de Fórmula 1. Situaciones que eran habituales en los ediciones iniciales de los 50, con Giuseppe Farina y Alberto Ascari, pero que desde fines de los 50 se hicieron aisladas
Por eso, actualmente, en esa primavera deportiva de Kimi, hay que retroceder nada menos que poco más de cuarenta años para encontrar un piloto italiano con sólidas chances de ser campeón. Algo extraño en un país tan relacionado con la Fórmula1, especialmente a partir de la permanente participación de Ferrari.
Obviamente, en esa recorrida marcha atrás en la historia, se pasa por alto el fugaz liderazgo de Giancarlo Fisichella en 2005. Simplemente porque fue el fruto de su triunfo sobre un Renault en el Gran Premio de Australia, fecha inicial de la temporada. A partir de la siguiente, la victoria de su compañero Fernando Alonso deshizo sus ilusiones y puso en marcha la primera corona del español.
Más consistente y prolongada resultó la esperanza que entre los tifosi, generó en 1985, Michele Alboreto, aquel italiano que en 1979 fue derrotado en Bahía Blanca y Balcarce por Oscar Larrauri en la Temporada Argentina de Fórmula 3 y que, dos años más tarde, tuvo su revancha al ingresar a la Fórmula 1, desplazando a Ricardo Zunindo de la segunda butaca del Tyrrell.
Su ascendente campaña en la Máxima lo llevó a Ferrari en 1984. Al año siguiente pareció que, por fin, cumpliría el sueño de los tifosi de ver a un compatriota campeón y, encima, sobre una Ferrari. La velocidad y confiabilidad de la Ferrari 126/85 le dio dos triunfos (Canadá y Alemania) y un liderazgo del campeonato que duró once fechas aunque sin establecer nunca una gran diferencia sobre un rival duro como era Alain Prost, con el poderoso equipo McLaren. Incluso, esa esperanza italiana tenía otra carta en Elio De Angelis. Sobre el Lotus, este jóven romano, tan preciso tocando el piano como llevando rápido un auto de carrera, estuvo prendido hasta la octava fecha.
Paradójicamente, la victoria de Alboreto en el Nürburgring alemán, que parecía consolidarlo en el camino al título, resultó el principio del fin para sus intenciones y empezó el declive. Solo hubo un tercer puesto en Austria y un cuarto en Holanda, antes de cerrar el año con cinco abandonos consecutivos. La fiabilidad de la Ferrari desapareció, y esa ventaja resultó demasiado para un rival del nivel de Alain Prost, que en Brands Hatch, sede del Gran Premio de Europa, concretó dos fechas antes del final de temporada, una coronación que puso fin a sus anteriores frustraciones.
Por el contrario, esa decepción permanece para los italianos. Antonelli tiene ahora la oportunidad de eliminarla. Si ocurre, lamentablemente, Alboreto no podrá verla. Alejado de Ferrari en 1989 y retirado de la Fórmula 1 en 1994, con 227 Grandes Premios corridos, tras deambular sin éxito por Footwork, Arrows, Lola, Tyrrell y Minardi, el italiano se dedicó a los Sport y fue contratado por el equipo Audi. El final tampoco resultó feliz. Encontró la muerte en un accidente el 25 de abril del 2001, durante unas pruebas en el circuito alemán Lausitzring. Vale su recuerdo, más allá que las actuales miradas apunten a Kimi Antonelli.





