La largada y las primeras señales
La carrera dejó todo mucho más claro. Desde la largada se confirmó la ventaja de Ferrari al acelerar desde cero: son quienes mejor tienen preparado el motor de combustión para entregar el torque deseado. Recordemos que en la salida no se puede usar la potencia eléctrica. Charles Leclerc y Lewis Hamilton pudieron superar limpiamente a los Mercedes.
No fue el caso de Franco Colapinto, que para no llevarse por delante a Liam Lawson tuvo que tirarse a la derecha, reaccionó a tiempo y pasó entre el coche del piloto de Racing Bulls y el muro de pits. El piloto argentino fue penalizado con un Stop and Go después de que uno de sus mecánicos empujara su coche cuando ya no estaba permitido hacerlo antes de la vuelta de formación. Al cumplir con la sanción, salió al fondo de la parrilla. En carrera manejó bien, pero desde tan atrás es difícil apreciarlo. Si no hubo un accidente debido a la enorme diferencia de prestaciones entre autos en la largada, fue más por suerte que por otra cosa.
La carrera y el efecto del nuevo reglamento
El duelo entre Charles Leclerc y George Russell en las primeras diez vueltas fue entretenido, aunque lo que vimos reflejó más las diferencias en los puntos de recarga de batería que las habilidades puras de los pilotos. Cada uno tenía energía disponible en distintos lugares del circuito, y eso definía los sobrepasos en las rectas.
No veíamos diferencias de prestaciones tan grandes desde la última temporada del turbo, allá por 1988, cuando media parrilla tenía motores aspirados y los de punta seguían con turbo. Los últimos años, con una paridad increíble, 20 autos en 10 segundos y casi todos terminando en la misma vuelta, nos malacostumbraron a una Fórmula 1 extremadamente competitiva, aunque siempre hubo equipos dominantes.
Este año, entre George Russell (1º) y Valtteri Bottas (19º) en la Q1 hubo ¡3,7 segundos! Y en carrera, el líder les sacó una vuelta o más a todos hasta el sexto. Seguramente esto se irá acortando con el desarrollo, pero es una radiografía clara del impacto del nuevo reglamento en la competitividad.

Prestaciones, confiabilidad y ganadores/perdedores
Las razones de esta disparidad son varias, pero dos pesan más: prestación del grupo propulsor y, sobre todo, confiabilidad.
Mercedes parece haber logrado el mejor compromiso. Su planta motriz les da la confiabilidad necesaria para desarrollar el chasis y aprender rápidamente las estrategias óptimas.
Aston Martin, en el otro extremo, sufre la falta de confiabilidad y prestaciones del propulsor Honda. No han podido poner a punto un auto que, viniendo de Adrian Newey, seguramente es muy bueno aerodinámicamente. La carrera de Melbourne fue una sesión de pruebas para ellos, y probablemente lo serán las próximas dos.

Ferrari y sorprendentemente Red Bull, están cerca de Mercedes en confiabilidad y prestaciones. Ferrari sigue arrastrando problemas estratégicos en boxes, como en los últimos años. Quizá, si hubieran parado en la vuelta 10 como el resto, podrían haberse defendido mejor de las Mercedes. El auto funciona, a Lewis Hamilton le gusta, y si mejoran en boxes pueden capitalizar su ventaja en las largadas.
El accidente de Max Verstappen en la Q1 nos privó de verlo mezclado con Mercedes y Ferrari. Fue un incidente similar al de Oscar Piastri en la vuelta de reconocimiento: nada que ver con la habilidad del piloto, sino con una sorpresa de carga/descarga en el lugar equivocado, dejándolos como pasajeros. La sorpresa fue tal que Verstappen ni siquiera alcanzó a sacar las manos del volante antes del impacto. Y lo de Piastri dejó a los hinchas australianos sin ver a su héroe; difícil que se hayan ido contentos.
Lo que viene en China
La semana que viene veremos algo similar, aunque Shanghái es menos perjudicial para este reglamento que Australia.
Nos espera un año de evolución, desarrollo y aprendizaje, de física y de química, para entender este nuevo reglamento. Y quizá también de acostumbrarnos a una Fórmula 1 que se aleja de su ADN: esto se parece más a una carrera de regularidad que de velocidad pura. La Fórmula 1 atraerá a espectadores de la Fórmula E, más habituados a este tipo de competencia, y probablemente perderá aficionados de la vieja escuela, a quienes les gustan las carreras donde los pilotos muestran más sus habilidades conductivas y no tanto su capacidad de administrar energía.
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