Como pocas potencias automovilísticas de la Fórmula 1, Francia debió esperar bastante para exhibir su propio campeón mundial. Lo consiguió en 1985 con Alain Prost, quien luego sumó otros tres. Pudo haber celebrado una década antes si la tragedia no se hubiese interpuesto en la ascendente trayectoria de Francois Cevert. Una muerte anticipada por una vidente…
Tenía todo para ser campeón, este hijo de Charles Goldenberg, un joyero judío que encontró en Francia el lugar para ponerse a salvo de la persecución nazi. Por eso, para proteger a su familia, autorizó a sus hijos a utilizar el apellido de su esposa Huguette Cevert.
Ese todo para ser campeón incluía, por supuesto, un gran talento conductivo, que empezó a desarrollar desde que a los 12 años, el deporte le ganó la partida a su gusto por la música, especialmente el piano. Las motos fueron su primera escala y le sirvieron, entre otras cosas, para relacionarse con otro francés que apuntaba a la Fórmula 1 como destino deportivo: Jean Pierre Beltoise, esposo de su hermana Jacqueline, se convirtió en el impulsor de su salto al automovilismo, donde los éxitos no tardaron en llegar con las conquistas del famoso trofeo promocional Volante Elf y el título francés de Fórmula 3.
Ese todo para ser campeón implicó también una especial personalidad e imagen. Carismático, empático, de buen vestir y carilindo, con unos ojos celeste que no pasaban inadvertidos para las mujeres. Un fachero que encima era un corredor con proyección de Fórmula 1. Esto, sin embargo, no cambió su afable personalidad ni el foco de su destino deportivo
Anne Van Maldeben, conocida también como Nanou, fue una de las tantas mujeres subyugadas por semejante personalidad. Cinco años menor que Francois y separada, inició una relación que fue avanzando al compás de la carrera deportiva del piloto francés. Ansiosa por conocer cómo sería esa relación en el futuro, e impulsada por su madre, decidió volver a consultar a una vidente que tiempo atrás le había pronosticado su relación con un joven de ojos azules.
“Vos ya estuviste una vez acá”, le dijo antes de mirar la foto de Cevert que le había llevado para ayudarla en el análisis. Hizo un largo silencio y le anticipó que “serás feliz pero no podrás disfrutarla mucho tiempo porque el éxito lo separará”. Después vino lo más duro con la sentencia que “él no llegará a los 30 años…”
Preocupada, Nanou no tardó en contarle lo sucedido a Francois, aunque sin mencionar el tema de la muerte. Inicialmente, Cevert se enojó, pero luego le aconsejó no darle importancia. Igual, dos meses más tarde decidió ir a ver a la vidente, pero sin revelar quién era. La mujer mantuvo su postura. “Esta persona (por Cevert) no verá el comienzo de sus 30 años”, reiteró tras observar una foto de Francois de su infancia.
Pasaron los años y los sucesos fueron cumpliendo las profecías de la vidente. La primera consecuencia resultó la disolución de la pareja luego que Francios iniciase un breve romance con Brigitte Bardot, famosa y sensual la actriz francesa de las décadas del 60 y 70.
No sorprendió esta separación conocida la atracción que Francois tenía entre las mujeres, potenciada por entonces por el crecimiento de su imagen en el más alto nivel del automovilismo mundial. También, por la costumbre de la Bardot de generar romances con famosos para su permanente promoción.
Por el contrario, pareció lejana la concreción del pronóstico del trágico final para Francois. Es que, a comienzos de los 70, la vida le sonreía con su consolidación en la élite de la Fórmula 1 y la llegada en Watkins Glen 1971 de su primer y único triunfo. Además, ya estaba integrado al equipo Tyrrell, como eficaz y disciplinado compañero de Jackie Stewart. Por estas virtudes y con el retiro a la vista, junto con su tercer título mundial, el escocés ya tenía elegido a Cevert como su sucesor. Era la gran oportunidad que Francois necesitaba para confirmar esa proyección de campeón mundial que muchos intuían.
No pudo ser. La muerte que nunca pide permiso y menos en aquella peligrosa Fórmula 1 que en ese 1973 ya había consumido la vida de Roger Williamson entre las llamas de su March en Holanda, reapareció con crueldad un 6 de octubre de hace 53 años. Paradójicamente lo hizo en Watkins Glen, el mismo circuito estadounidense que dos años atrás le había mostrado su cara feliz con su primer y único triunfo en 46 Grandes Premios.
No hubo explicaciones precisas sobre las causas que en plena clasificación motivaron el descontrol del Tyrrell en la veloz zona de la S y que, tras cruzar la pista, terminó con la tremenda imagen del Tyrrell montado sobre el guardarrail. Un guardarrail que, al ceder, impactó mortalmente en el cuerpo del infortunado Cevert. Cuentan que ver su cuerpo seccionado, horrorizó a varios colegas que acudieron para una ayuda que ya era inútil. Entre esos colegas, el más afectado fue Stewart, quien ahí mismo decidió no correr el Gran Premio, que al día siguiente ganó Ronnie Peterson, y anticipar el retiro sin cumplir el centenar de presencias.
Anne recordó a la distancia la profecía de la vidente, pronosticando sobre Cevert que “este hombre no verá el comienzo de sus tres décadas”. Pocas semanas más tarde volvió a visitar a la mujer, quien antes de cualquier comentario y al ver la foto, no dudó en señalar que “Está muerto”.
Aquel 6 de octubre de 1973, Francois Cevert tenía 29 años, 9 meses y 11 días.





