Antes de la Fórmula 1, antes de los viajes a Europa y de los fines de semana exigentes en los circuitos, todo empezó con el sueño de un niño: jugando. En su caso, arriba de un cuatriciclo y obsesionado por la velocidad.
«Desde los cuatro andaba en cuatriciclo, como un loquito. Tiraba polvo para todos lados, los vecinos me querían matar. Veía el Dakar, iba a la colectora, en esa época, 2010, 2011, pasaba por enfrente de casa. Veía los autos, los cuatri. Yo tenía un (cuatriciclo Yamaha) Raptor 350… ¡Un pibe de 8 años! Es que mi viejo estaba más loco que yo todavía. Andaba en moto y me decía: ‘¡moto no!’. Y me compró un cuatri, ja ja».
No es secreto que esa pasión por las carreras viene del entorno familiar, pero el joven destacó su fanatismo por un piloto en particular. «Yo de Ayrton Senna me sé todo. Lo estudié y aprendí más que la escuela. Fue una referencia total para mí. Él y Fangio, obvio».
Lamentó que cuando él era chico no tuviese un piloto argentino al que admirar, aunque contó: «Yo no tuve a quién mirar cuando era chico. Estaba Fernando [Alonso, el español campeón], estaba el Checo (Pérez), que lo re seguía, era lo más cercano. Pero me encanta ser ese por el que muchos chicos hoy vuelven a subirse a un karting o a tener pasión por este deporte».
La llegada de Colapinto a la Fórmula 1 fue un orgullo para los argentinos, y era esperable que reciba todo el cariño y apoyo de los fanáticos, que lo acompañan en todas las carreras del calendario. «Nos identifican al toque. Los pilotos europeos no pueden creer el nivel de apoyo que tengo. Max (Verstappen) me dice: ‘Es increíble, están en todos los circuitos, en todos lados’. A todos les sorprende. En Bahrein, en Singapur. Es una pasión muy especial», admite.
El camino no fue fácil: «Yo en un momento me di cuenta de que mi meta era llegar a la Fórmula 1, subirme a uno de esos, manejarlo. Empecé a correr y a ganar, acá en Argentina en karting, gané un par de años, me daba confianza. Pero me di cuenta de que para subirme a un Fórmula 1 tenía que irme a Europa. Yo no tenía presupuesto, pero en Italia me dieron lugar para alojarme. Hacía mi vida con los mecánicos, vivía ahí. Fue mi oportunidad de empezar».
Estar lejos de su familia, ser tan chico y estar solo fue una situación muy compleja. «Lo más difícil y lo que te hace más fuerte es que no tenés a tu familia al lado. Te sentís lejos. No tenés a alguien que te esté acompañando. Te recordás todo el tiempo por qué estás ahí, adónde querés llegar. En cada momento complicado te recordás a vos mismo».
Franco admitió: «Este año fue muy… largo. Aprendí un montón». Sus carreras en Alpine, si bien fueron positivas, tuvieron momentos en donde el resultado fue por debajo de lo esperado, aunque en definitiva tuvo una gran evolución.
«Fueron experiencias increíbles para mi primer año en F1. Mucho. Un aprendizaje muy grande. Más que nada en cómo controlar las emociones, cómo gestionar momentos difíciles. Eso fue duro para todos», cuenta.
Cuando las cosas no salen como uno espera, la frustración es lo primero que aparece: «Nunca había tenido una temporada en la que me sintiera incapaz de ir rápido, de estar en los primeros lugares… Nosotros, los deportistas, y yo en especial, soy muy competitivo, cuando no tenés la oportunidad de pelear adelante… De pelear por puntos… Yo nunca había tenido una temporada en la que no pudiera pelear por ganar. No puedo hacer un podio, una pole position. En otros años, sabía que si hacía las cosas bien iba a poder. Y este año, ganar, para nosotros ahora era sumar un punto, capaz».
Y agregó: «Cuando ves que el resultado no llega, es muy difícil de manejar. Nunca me pasó algo así. Es el primer año en que me pasa algo así… El nivel de frustración, de sentirte un poco inferior a los demás, es mucho más grande que el disfrute que podés tener por estar en Fórmula 1, y eso para mí es una de las cosas más difíciles, algo que me costó mucho. Y tenés toda la expectativa de todo el mundo alrededor. Una persona que espera que ganemos. Hay muchos factores y cosas para controlar y manejar».
Según explica, la máxima categoría no es solo ir rápido, sino que con el pasar del tiempo aprendió que es mucho mas que eso: «Pero la Fórmula 1 es así. Cuando era chiquito, mi sueño era manejar un Fórmula 1. Después, alrededor de eso, está todo lo externo, el contexto, muchos factores diferentes que no te imaginás. Yo, a los 8, quería manejar el auto. Porque te fascina cómo van, (mirar) las carreras. Pero para manejarlo hay muchas cosas más, a las que uno no está acostumbrado, no es lo que espera».
«Nadie te lo explica. En todas las categorías anteriores, F2, F3, la mitad del tiempo, la mayor parte del tiempo, no estás haciendo nada o estás viendo datos. En la F2 te podés ir a dormir una siesta. Y en la Fórmula 1 no tenés cinco minutos para comer en una mesa, tenés que comer con los ingenieros, por ejemplo. Yo estoy aprendiendo eso. Es algo nuevo».





