El Marketing que transformó la Fórmula 1: del ingenio mecánico al espectáculo global

Enrique Scalabroni explica que la Fórmula 1 pasó de ser la cuna de innovación técnica a una exhibición a nivel mundial, en donde la imagen vale más que la ingeniería.

La Fórmula 1 nació como un espacio de ingenieros audaces, diseñadores detallistas y pilotos capacitados para llevar al límite máquinas que parecían imposibles controlar. Durante décadas, la categoría fue sinónimo de innovación, cada escudería encontraba soluciones arriesgadas, y muchas veces, transformadoras.

Pero, según Enrique Scalabroni, ex ingeniero de Ferrari, ese ADN técnico se fue modificando con el tiempo, especialmente bajo las estrategias comerciales que hoy acompañan a la Fórmula 1 moderna. La categoría pasó de ser la cuna de la innovación técnica, a un espectáculo en dónde la imagen tiene un rol central. «El marketing es una mentira de altísimo nivel para vender productos de escasa calidad. Si el producto es bueno, no necesita marketing: se vende solo», afirma.

En el pasado, recuerda, que el prestigio se construía a base de ingenio, victorias y reputación boca a boca. «La voz continuativa de la gente era suficiente para vender», comenta. Hoy, las campañas de redes sociales, las estéticas de los coches y los documentales tienen un peso similar al rendimiento en pista.

Uno de los ejemplos más claros del cambio viene con la llegada de las grandes fábricas y la influencia de los departamentos de diseño y marketing en la apariencia de los automóviles. Antes, los equipos con recursos limitados pero con gran capacidad técnica, podían vencer a los gigantes. Esta es un aspecto que Scalabroni explica que se fue perdiendo: «El estilista decide la forma de la carrocería para gustar al público, aunque eso arruine la aerodinamia».

La tendencia hacia una estética más uniforme, llevó a que muchos autos de la parrilla se parezcan entre sí, con menor cantidad de diferencias visibles. «Antes cada auto tenía personalidad. Ahora todos quieren generar una igualdad y en más de una ocasión terminan con un rejunte de ideas equivocadas», sostiene.

El modelo de antes, basado en la efectividad y en la simplicidad, es algo que se ve en menor medida en la F1 moderna, dominada por estudios de mercado y objetivos de entretenimiento. «Hacer algo complicado lo puede hacer cualquiera. Simplificarlo y que rinda más, eso es genialidad», explica, la simplicidad de un diseño es fruto de experiencia y conocimiento, no de atajos.

El ingeniero vivió en carne propia la época en que el reglamento entraba en un «librito amarillo». Los ingenieros tenían espacio para la creatividad y podían llevar a la realidad conceptos originales. Hoy, las ideas pasan por filtros legales, debates corporativos y estudios de mercado. El resultado es una F1 que «cada vez tiene menos capacidad creativa y más capacidad de aumentar costos».

El marketing impuso un pensamiento colectivo donde la diferencia no es bien vista. «La sociedad busca igualdad en lugar de originalidad. El que sobresale es señalado, cuando antes ser distinto era un valor». También agrega que la inteligencia artificial puede reforzar este problema si se asocia al marketing: «El deseo genera; el querer imponer es robar. El marketing quiere imponer».

Mientras el marketing siga marcando el rumbo, la Fórmula 1 corre el riesgo de dejar de ser el laboratorio de innovación que la definió. «Será más una marca que un deporte, y los ingenieros que aman crear se verán reemplazados por vendedores de ilusiones».

La crítica al presente se potencia con la comparación con el pasado. Donde aparece la figura de Bernie Ecclestone, a quien Scalabroni define sin dudas como «el mejor líder que tuvo la Fórmula 1». El británico convirtió un deporte de nicho en un imperio global, pero sin descuidar la competitividad. Su objetivo era asegurar un margen de ganancia para la organización y repartir lo suficiente para que todos los equipos pudieran competir.

«Sabía equilibrar negocio y deporte. Entendía que la F1 debía ser competitiva, no solo un producto de consumo masivo», comenta Scalabroni. Ecclestone negociaba con cada circuito, firmó contratos largos, lo que le proporcionó estabilidad. Bajo su mandato, los equipos pequeños podían sorprender, y las grandes fábricas no tenían el poder que tienen hoy en día.

Cuando Liberty Media compró la Fórmula 1, creyeron que consiguieron la totalidad de la categoría, lo que incluye el campeonato, las pistas y los equipos. Pero los circuitos y las escuderías no estaban dentro del trato.

La salida de Ecclestone dió paso a un enfoque completamente diferente, poner al espectáculo como protagonista, buscar nuevos mercados y así poder agregar la mayor cantidad de eventos. Situación que seguiría de cara a las elecciones a fin de año de la FIA, en dónde Mohammed Ben Sulayem conseguirá su reelección.

Para el ingeniero, Bernie Ecclestone entendía algo tan básico como, sin carreras competitivas, el negocio se derrumba. Hoy la F1 puede ser muy atractiva para el ojo del espectador casual, pero pierde su encanto para los que buscan rivalidad real. «Vendía carreras, rivalidades y tecnología de punta. Eso mantenía a todos concentrados en la categoría», resume Scalabroni.

El ex ingeniero de Ferrari deja una reflexión final: «Puede que no te gustara su forma, pero funcionaba. Cuando él estaba al mando, todos sabíamos quién dirigía la orquesta. Hoy, a veces, parece que no hay nadie que la dirija».