No dejaron mucho para destacar los 128 Grandes Premios que, entre 2007 y 2014, Adrian Sutil disputó en el Campeonato Mundial de Fórmula 1. Apenas un cuarto puesto en Italia 2009 sobre un Force India y el triste recuerdo de su despiste con el Sauber bajo la torrencial lluvia de Japón 2014, que motivó la entrada del auto de seguridad que precedió al choque del Marussia de Jules Bianchi contra un camión de bomberos, con las conocidas trágicas consecuencia para el francés.
Retirado hace unos años del automovilismo, Sutil, un alemán hijo de madre uruguaya y de un músico que quiso que fuese su heredero profesional, hasta que el karting lo atrapó, Adrian se ha convertido en noticia, pero no en las secciones deportivas, sino en las policiales. Actualmente está arrestado en una cárcel de Munich, acusado de fraude agravado y malversación de fondos.
Todo se desató cuando la empresa DS Motoren Gmbh se declaró insolvente. Esta empresa, con sede en Munich, está asociada a AS Motoren, radicada en Liechtenstein y que tiene a Sutil como miembro del consejo administrativo. Ambas, con financiaciones de los bancos y empresas de leasing, se dedican a la comercialización y venta de autos de lujo y exóticos, entre los que se encuentran Bugatti, Ferrari, Mercedes Benz y Pagani.
Según las acusaciones, los autos fueron vendidos más de una vez y el monto de las estafas con los «autos Sutil», como se los identificaba, alcanza a los 150 millones de euros. Además de su participación en la empresa, las acusaciones contra Sutil apuntan a la utilización de su nombre, con pasado de Fórmula 1, para atraer compradores. «Es una extorsión», se defiende Sutil, quien confía en su abogado Dirk Smitz para recuperar la libertad.
No es la primera vez que Sutil tiene complicaciones con la Justicia. En marzo del 2011, en épocas que era piloto de Force India, se le inició una demanda por lesiones a Eric Lux, copropietario y financista del equipo Lotus Renault, a quien Adrian hirió de un botellazo en el cuello tras una discusión en boliche de Shanghai, tras el Gran Premio de China. Zafó del pedido de 18 meses de prisión por la astucia de sus abogados, pero no pudo hacerlo del pago de 200.000 euros impuesto en la forma de distintas contribuciones. Decisivo fue el silencio de un testigo amigo suyo que lo acompañaba esa noche en el boliche celebrando su propia victoria en el Gran Premio: Lewis Hamilton. «Lewis es un cobarde y por eso no quiero ser más su amigo», fue la dura sentencia de Sutil que terminó con su amistad con el inglés.





