Desde la llegada de Franco Colapinto a la Fórmula 1, historiadores de todo el mundo debieron reflotar la lista de argentinos que habían tomado parte de la categoría desde aquellos casi olvidados tiempos de Juan Manuel Fangio y Froilán González hasta el último eslabón, que contemplaba la tarea de Gastón Mazzacane en el hoy ya lejano 2001. Entonces, ese compendio le mostró al mundo que el pilarense se había convertido en el eslabón número 23 de la nómina, aunque a decir verdad, estábamos hablando de competidores que largaron al menos un Gran Premio, evitando mencionar (con toda la crudeza de una estadística bien hecha) a seis pilotos que llegaron a enrolarse en la F1 pero que, por una cuestión u otra, a pesar de figurar en los “entry list”, no tuvieron el privilegio de llegar a debutar…
El primero al que debemos rescatar de esa sucesión de hombres que tropezaron en su camino con la mala suerte es Alfredo Pián. El “Conejo de Las Rosas” se clasificó en el 18° lugar para competir en el GP de Mónaco de 1950, pero antes de cerrar su actividad previa a la carrera, sufrió un accidente que le provocó la fractura de una pierna, impidiéndole participar de la prueba sobre su Maserati de la Scuderia Achille Varzi, que integraba junto a Froilán González. Distinta, aunque con igual resultado, fue la historia del porteño Alberto Crespo, que hizo un solitario intento en Italia ’52, también con una Maserati, ésta correspondiente al equipo de Enrico Platé, pero apenas logró el 26° registro para una grilla que sólo se poblaría con los 24 mejores tiempos. El tercer argentino que se quedó con las ganas resultó Pedro Jacobo Llano, inscripto como suplente para los GGPP argentinos de 1955 (con Gordini) y de 1960 (con Maserati), pero a quien no se le presentó la posibilidad de ser un reemplazo efectivo en ninguna de las dos oportunidades. En la segunda de esas competencias, hubo otro suplente local, Oscar Cabalén, que tampoco logró subirse en definitiva a la Maserati de la Scuderia Centro Sud y se volvió a su Santa Fe natal con el sabor amargo de ni siquiera poder “probarse” contra los ases internacionales.
El talentoso Juan Manuel Bordeu, con el apoyo de su coterráneo y tocayo Fangio, disponía de un Lotus-Climax para tomar parte del GP de Francia de 1961 a correrse en Reims, pero lo que pudo ser el comienzo de una gran carrera internacional para el balcarceño se frustró apenas unos días antes, cuando sufrió un fuerte accidente en Goodwood mientras se preparaba para el debut. Finalmente, hay que mencionar al arrecifeño Néstor Jesús García Veiga, que estaba en la carpeta de Oreste Berta para participar en el periplo sudamericano del ’75 (Argentina y Brasil) con una máquina argentina (El Berta 1-Ford), pero problemas mecánicos en el modelo y financieros para ponerlo en la pista, cancelaron su sueño. Todo, al margen del sueño trunco que protagonizó José María “Pechito” López, “casi” inscripto oficialmente con el muy poco serio, por no decir inexistente, equipo USF1 en 2010. Así las cosas, a lo largo de los años la Argentina, aún con sus eternos problemas económicos o de la lejanía con el Viejo Mundo, sigue firme con un piloto que ha renovado su contrato para 2027 y así mantener vivo el orgullo de pertenecer al círculo privilegiado, con la esperanza de -alguna vez- volver a ver ondear la bandera celeste y blanca en algún podio del calendario.





