Ganar el Gran Premio de su país es el deseo de todo piloto de Fórmula 1. Algunos lo consiguen enseguida, como ocurrió con Emerson Fittipaldi en 1973 en la primera edición mundialista del Gran Premio de Brasil disputada en Interlagos. Otros no lo alcanzan nunca, como lamentablemente pasó con Carlos Reutemann entre 1972 y 1981 en las nueve ediciones del Gran Premio de la República Argentina.
También hay quienes tardaron bastante en cumplir ese sueño. En lo referido al Gran Premio de Austria, Niki Lauda es un caso emblemático. Máximo referente, junto a Jochen Rindt, de Austria en el Mundial de Fórmula 1, subir al escalón más alto del podio le demandó nada menos que diez de las once carreras que largó en sus pagos desde su debut en 1971 con March, hasta su último paso en 1985 con el dominador equipo McLaren que compartió con Alain Prost.
Ese día tan esperado por Niki llegó por fin un soleado domingo 19 de agosto de 1984, en el circuito que en esos años se denominaba Osterreichring y presentaba su máxima extensión con de sus veloces 5.942 metros para la disputa de la decimosegunda fecha de un calendario de 16 carreras. McLaren era absoluto dominador, con Alain Prost al frente del campeonato con 5,50 de ventaja sobre Lauda.
Nelson Piquet ganó la clasificación imponiendo la potencia del motor BMW que equipaba a su Brabham BT53. Lauda quedó cuarto con el McLaren MP4/2, por detrás de su compañero Prost y de Elio De Angelis (Lotus 95T). En carrera, el brasileño se fue en punta, seguido de Prost. Tras unos escarceos con De Angelis y Patrick Tambay, Lauda se acomodó detrás del dúo puntero.
A partir de ese momento, toda la buena fortuna que no lo había acompañado a Niki en las anteriores carreras es su país, donde lo mejor era el segundo puesto en 1977, lo abrazó fuertemente con dos hechos clave. Primero, el trompo de Prost, que lo dejó al margen de la lucha. Poco más tarde, un inconveniente en el motor del Brabham de Piquet, que le hizo perder rendimiento y ser fácil presa del sobrepaso de Lauda en la 40ma vuelta.
Con 11 giros por delante y una diferencia que fue aumentando con el transcurrir de la carrera, ya no hubo nada por discutir. Con 23s 525/1000 de ventaja sobre Piquet, Lauda cruzó victorioso la meta y encabezó un podio que tuvo como tercer integrante a Michele Alboreto con la Ferrari 126C4. El karma de Lauda en su Austria natal se había terminado con un triunfo que, además, de ese especial valor, tuvo el de ponerlo nueva y definitivamente adelante en el campeonato, que cuatro fechas más tarde, en el dramático final de Portugal, le ganó por medio punto a Prost.
Lauda se convirtió así en el único austríaco en ganar en su país entre los 14 que largaron alguna vez sus 38 ediciones, mechadas por algunas interrupciones, y los apenas 3 que integran el Club de Vencedores de Grandes Premios. No pudo tenerlo Gerhard Berger entre su decena de festejos, ni tampoco, el Jochen Rindt, el otro campeón mundial (post mortem), que exhibe Austria. El recordado Jochen sólo lo corrió dos veces, y con otros tantos abandonos. Uno en su debut en 1964 con Brabham y el otro en 1970, en su despedida, tres semanas antes de dejar en Monza, junto a su vida, el sueño de vencer en su país.
Un lamento. eterno que actualmente tiene otro tono al no ver ningún austríaco en la grilla. El último, y sin grandes resultados, fue Christian Klien en Abu Dhabi 2020. Fue hace mucho tiempo, demasiado.





